Un informe del Institute for Family Studies (IFS) mostró que en 1990 un 55% de los adultos mantenía relaciones sexuales semanales, mientras que en 2024 esa cifra descendió al 37%. El retroceso, que ronda el 20%, refleja cambios profundos en la vida social y afectiva.
La investigación advierte que el impacto es más marcado entre los jóvenes. El uso intensivo de smartphones, redes sociales y videojuegos desplaza la interacción presencial y reduce las oportunidades de generar vínculos románticos. En paralelo, entre 2010 y 2024 se duplicó la proporción de quienes se identifican como asexuales, pasando del 12% al 24%, lo que muestra una creciente desconexión social y de pareja.
El fenómeno también afecta a matrimonios establecidos. El estudio señala que la frecuencia sexual semanal cayó del 59% en el período 1996–2008 al 49% entre 2010–2024, lo que se vincula con el uso de pantallas antes de dormir, la reducción del tiempo de intimidad y la alteración de las rutinas compartidas.
Los especialistas coinciden en que se trata de una tendencia cultural en expansión. Para algunos, representa una redefinición de la vida íntima acorde a nuevas formas de elección personal; para otros, alerta sobre los riesgos del aislamiento digital y la pérdida de vínculos afectivos presenciales.

























