Junto al gobernador de nuestra provincia estuvieron *Raúl Jalil, Carlos Sadir, Hugo Passalacqua, Rolando Figueroa, Gustavo Sáenz y Osvaldo Jaldo. No es un frente electoral ni un interbloque formal. Es algo más terrenal: una mesa de coordinación para que el interior no quede reducido a espectador mientras en Buenos Aires se negocian reformas que impactan directo en producción, energía e infraestructura.
En el caso de Weretilneck, la pérdida de representación tras las elecciones lo obliga a jugar más fino. Sin bancas propias tiene menos margen para tensar la cuerda y más necesidad de construir puentes. En un Congreso atomizado, cada voto cuenta y cada gobernador intenta ordenar lo suyo.
Ahí aparece la lógica de este “club de los siete”: mandatarios incómodos con la oposición frontal pero también reticentes a firmar cheques en blanco. Un equilibrio inestable, aunque funcional en una Cámara Alta marcada por la reciente fractura del bloque peronista en el Senado y la consolidación de la fuerza libertaria. Tres senadores de Convicción Federal —Sandra Mariela Mendoza (Tucumán), Carolina Moisés (Jujuy) y Guillermo Andrada (Catamarca)— anunciaron su salida del interbloque peronista y su decisión de conformar un nuevo bloque propio, aunque aclararon que no se unirán a La Libertad Avanza. Estos legisladores responden políticamente a Jaldo, Sáenz y Jalil, respectivamente, y han mantenido diálogo con la Casa Rosada.
Para Río Negro el contexto es particularmente sensible. La provincia apostó fuerte al esquema de inversiones que impulsa la Nación, especialmente a través del RIGI, y proyecta un desarrollo energético y minero que tiene al Golfo San Matías como pieza estratégica. Ese camino requiere previsibilidad. Y previsibilidad, en la Argentina actual, es un activo político.
En ese clima también observa el llamado “círculo rojo”: compañías como Pan American Energy, la expansión de YPF bajo la conducción de Horacio Marín, y otros actores con inversiones en carpeta miran de reojo el tablero político provincial. En voz baja, más de uno desliza que la estabilidad y el perfil pragmático del actual gobernador ofrecen una garantía que no siempre está asegurada en escenarios de alternancia brusca o incertidumbre electoral. Nadie lo dirá en público, pero cuando hay proyectos energéticos y mineros en juego, la política no es un debate abstracto.
La reunión, según trascendió, no tuvo tono electoral sino programático. Los gobernadores hablaron de producción agrícola, minería, energía, turismo e infraestructura; pero sobre todo repitieron una idea: “ignorar a las provincias es negar la base”. En un Senado donde el oficialismo necesita acuerdos y la oposición ya no actúa en bloque, las provincias pueden convertirse en árbitros silenciosos.
También acordaron mantener encuentros periódicos para coordinar posiciones y generar sinergias, con la mira puesta no solo en el Congreso sino en el exterior. Varios de ellos participarán de Argentina Week en Nueva York, un “road show” orientado a mostrar oportunidades de inversión en energía, minería y agroindustria ante fondos y bancos internacionales.
La incógnita es si esta liga de gobernadores logrará traducir diálogo en influencia concreta. Por ahora, el movimiento es defensivo y pragmático: ordenar fuerzas en un tablero donde nadie tiene mayoría propia y donde el interior, si actúa coordinado, puede inclinar la balanza.
























