Este 15 de junio se conmemoró el Día Internacional del Huillín, una fecha clave para poner el foco en uno de los animales más hermosos y amenazados de la Patagonia. En Río Negro, el festejo se traduce en un proyecto de conservación permanente en el Área Natural Protegida Río Limay, impulsado por la Secretaría de Ambiente y Cambio Climático provincial en conjunto con el Parque Nacional Nahuel Huapi. Guardaparques y especialistas de Nación y Provincia se pusieron la camiseta para monitorear y proteger a esta nutria nativa, cuya presencia es el indicador definitivo de que el ecosistema está sano y el agua limpia.
El corazón del proyecto está en las salidas de campo que los guardas ambientales realizan de forma periódica, un trabajo minucioso que requiere la paciencia de un detective. Como los huillines son bichos escurridizos y difíciles de ver a simple vista, el equipo científico se dedica a rastrear minuciosamente las pistas que dejan en las orillas del río. Los expertos identifican sus pisadas en el barro para mapear sus recorridos, y recolectan restos de comida y fecas para analizar su dieta y estado de salud. Con toda esta valiosa información, el plan detecta cuáles son las áreas clave que las nutrias usan para descansar o criar a sus cachorros, logrando que el Gobierno pueda tomar mejores decisiones para proteger esos rincones específicos del mapa.
El río Limay cumple un rol fundamental en esta estrategia ya que funciona como una verdadera autopista natural y corredor biológico que conecta distintas poblaciones, evitando que los animales queden aislados y ayudando a que la especie se multiplique. Sin embargo, desde la dirección del plan de conservación aclaran que el esfuerzo de los científicos no alcanza si la comunidad no acompaña cuando va a pasar el día al río. El huillín es sumamente sensible a los ruidos y a los cambios en su hábitat, por lo que el proyecto también incluye una fuerte campaña de concientización y educación ambiental para los visitantes.
Para darles una mano a los guardaparques y asegurar el éxito del proyecto, las reglas en las áreas protegidas son muy sencillas pero vitales. Se pide especialmente no ingresar con mascotas a las zonas de costa, ya que los perros pueden atacar a los huillines o transmitirles enfermedades mortales, y cuidar a muerte la vegetación ribereña donde ellos arman sus madrigueras. Evitar la contaminación del agua, llevarse los residuos y respetar los senderos habilitados son acciones simples que apoyan directamente a este enorme esfuerzo científico, garantizando que las futuras generaciones puedan seguir compartiendo la Patagonia con este tesoro natural.

























