Hay excelentes noticias para el futuro económico del país y, especialmente, para la Patagonia. El megaoleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), la obra privada más grande e importante que hoy tiene en marcha la Argentina, avanza a pasos agigantados. Los plazos vienen firmes: los trabajos se van a terminar en octubre de este año y a partir de enero de 2027 el caño empezará a bombear con todo. ¿El resultado? Solo durante el año que viene, este proyecto va a generar más de 5.000 millones de dólares anuales en exportaciones de petróleo crudo, un verdadero golazo para las reservas del país.
El proyecto es un esfuerzo conjunto de las petroleras más grandes que operan en la región (lideradas por YPF junto a PAE, Vista, Shell, Pluspetrol, entre otras) y servirá para destrabar un viejo problema: el «cuello de botella» que significaba no tener cómo sacar tanto petróleo desde la cuenca neuquina. Este caño de 437 kilómetros cruzará toda la provincia de Río Negro de punta a punta hasta llegar al Océano Atlántico, en la zona de Punta Colorada (Sierra Grande), permitiendo exportar el crudo directamente en barcos supertanques.
Un boom de barriles, inversión y muchísimo trabajo
El crecimiento que se viene es impresionante y se dará de forma escalonada para que la producción no pare de batir récords:
- Arranque con todo: En enero de 2027 se empezarán a vender al mundo unos 180.000 barriles por día.
- Salto a mitad de año: Para mediados de 2027, la cifra saltará a 377.400 barriles diarios.
- Acelerar al máximo: En 2028 se espera tocar los 550.000 barriles, con el objetivo final de superar los 700.000 a futuro.
- Trabajo regional: El desarrollo de esta megaobra ya está generando empleo en blanco para 3.108 personas.
- Respaldo total: El proyecto fue de los primeros en anotarse en el RIGI para blindar una inversión de 2.900 millones de dólares, conseguida gracias al apoyo histórico de 14 bancos internacionales.
El «Plan B» por si el mundo se complica
Como toda gran obra, siempre puede surgir un imprevisto, pero las autoridades ya demostraron tener los reflejos listos. El mayor desafío logístico actual son las monoboyas gigantes (las estructuras donde amarran los barcos para cargar el petróleo en el mar), que se están fabricando en los Emiratos Árabes Unidos. Debido a los conflictos y bloqueos que hay en el Medio Oriente (especialmente en el Estrecho de Ormuz), traerlas a tiempo para septiembre es un dolor de cabeza.
Lejos de achicarse, Horacio Marín, el presidente de YPF, avisó que si el bloqueo internacional sigue y complica los tiempos, activará de inmediato un plan B: traer una boya alternativa desde Latinoamérica. Quizás cueste un poquito más, pero garantizará que la obra se inaugure a tiempo y no se retrase ni un solo día. A máxima capacidad, cada día que este oleoducto no funciona el país se pierde de facturar 50 millones de dólares, así que la premisa es clara: el proyecto no se frena por nada.
El gas licuado: el otro gigante que mira todo el planeta
Este boom petrolero es solo la punta del iceberg. Como el crudo sale de la tierra acompañado de gas natural, ya se está cocinando el próximo gran negocio: el proyecto «Argentina LNG» para congelar el gas, licuarlo y venderlo en barcos a Europa y Asia.
Acá la geopolítica juega a favor de la Patagonia. Con los graves conflictos que hay en Medio Oriente, las grandes potencias mundiales ya no solo buscan el gas más barato, sino un lugar seguro y pacífico para comprar energía. Argentina, al estar lejos de esas zonas calientes, se convirtió en la novia más codiciada del mercado. Empresas gigantes de Italia y los Emiratos Árabes ya se anotaron para comprar el gas, y se busca sumar a un cuarto socio de peso (que podría ser la poderosa Saudi Aramco). La idea es salir a buscar el financiamiento grande con bancos como JP Morgan a mitad de año y, antes de que termine diciembre, confirmar una inversión histórica de 20.000 millones de dólares que terminará de cambiar la matriz productiva del país para siempre.

























