El insólito episodio ocurrió en la intersección de las calles Güemes y Río Negro. Lo que debió ser una jornada de trabajo planificada por la Municipalidad de General Roca terminó convirtiéndose en un dolor de cabeza para miles de vecinos, todo por la impericia de una firma contratista que operó sin los cuidados ni los planos correspondientes. La excavadora rompió de lleno un acueducto de alta presión, desatando una contingencia que obligó a paralizar el suministro de agua en un sector crítico de la localidad.
Si la crisis no pasó a mayores fue exclusivamente por la capacidad de reacción y la celeridad del personal de Aguas Rionegrinas, que debió asumir un rol de «bombero» para apagar el incendio logístico provocado por la comuna. Los operarios provinciales se cargaron al hombro una reparación de extrema complejidad técnica —debido al imponente tamaño del ducto y la fuerza del caudal— y lograron sellar la avería en tiempo récord para que el descalabro municipal no arruinara la semana de los roquenses.
Los números del desaguisado municipal
El operativo de emergencia forzó un despliegue a contrarreloj que se extendió durante toda la madrugada para normalizar el sistema de manera gradual:
- 15:00 horas: Momento exacto en que la contratista municipal dañó el caño de 500 mm de diámetro.
- 17:00 horas: Finalización de las tareas urgentes de excavación para llegar a la rotura.
- 20:30 horas: ARSA logró reparar el acueducto e inició el encendido escalonado de las bombas de presión.
- Monitoreo nocturno: Las cuadrillas provinciales debieron vigilar la red durante la madrugada para asegurar que la presión volviera a la normalidad sin generar nuevos colapsos.
Mientras desde la firma provincial optaron por la diplomacia al agradecer el uso racional del recurso a los usuarios para evitar el vaciamiento de las redes, en los barrios de la zona alta quedó flotando la indignación. Los vecinos se preguntan qué tipo de supervisión ejerce el municipio sobre las empresas que contrata, ya que un error de cálculo de estas características no solo pone en riesgo la infraestructura básica de la ciudad, sino que demuestra una alarmante falta de coordinación en la gestión del espacio público.

























