Mientras la economía local exige innovación, inversión y oportunidades genuinas para los ciudadanos, la gestión municipal de Roca optó por el viejo y conocido libreto: la entrega directa de bienes y subsidios a un pequeño grupo de familias. Esta semana, la intendenta encabezó personalmente la distribución de cocinas, calefactores y aportes para la conexión de gas en varios barrios, en el marco del llamado “Programa Municipal para la instalación del gas domiciliario”.
La movida demandó una inversión de $23.200.000 de fondos municipales y alcanzó apenas a 29 familias de sectores como Paso Córdoba, Chacramonte, Asentamiento Aeroclub, Noroeste, Nuevo, Quinta 25, Carlos Soria, Alta Barda y Asentamiento 250 viviendas. Cada beneficiario recibió, además del subsidio para la obra de gas —$800.000 en dos cuotas—, un kit con cocina, calefactor y termotanque. Todo, claro está, bajo la mirada atenta de la jefa comunal y su equipo.
La escena se repite en distintos rincones del país y expone una dinámica que, lejos de resolver los problemas de fondo, perpetúa la lógica del asistencialismo. Se privilegia la entrega de bienes financiados por el Estado, pero se posterga la generación de condiciones para que los vecinos puedan acceder a servicios y mejoras a través de su propio esfuerzo. El resultado es el fortalecimiento de la dependencia, la erosión de la cultura del trabajo y el ofuscamiento del mérito individual.
El asistencialismo, aunque vistoso en la foto y atractivo en épocas electorales, supone un uso discrecional de recursos públicos que podría destinarse, por ejemplo, a fomentar la creación de empleo privado, facilitar créditos para emprendimientos o reducir la carga tributaria sobre quienes producen y generan riqueza. Pero la tentación populista de recurrir al reparto directo sigue siendo más fuerte que la apuesta por la libertad económica y el desarrollo sostenible.
La experiencia internacional demuestra que las sociedades que avanzan son aquellas que promueven la autonomía, la responsabilidad y la competencia, no la simple transferencia de artefactos. Es fundamental que la gestión pública abandone el cortoplacismo y apueste por políticas que incentiven la movilidad social y la dignidad de quienes menos tienen, sin recurrir a la dádiva como herramienta primordial. Desde Todoroca, nos preguntamos ¿Cuándo vas a repartir «tapadas de pozos» en la Ciudad de los Pozos Maria Emilia?

























