El Programa de Abordaje Integral de los Consumos Problemáticos de Río Negro presentó su último balance mensual, revelando una radiografía preocupante sobre las adicciones en la provincia. Durante el mes de junio, la red pública estatal, a través de sus Dispositivos Territoriales y los Centros Rionegrinos de Atención y Abordaje Integral, alcanzó un total de 4.134 prestaciones destinadas al acompañamiento, seguimiento y tratamiento de personas afectadas.
Los datos, procesados por el Observatorio del programa, confirmaron que la cocaína se ubicó al frente de las demandas de asistencia con 180 registros, lo que representa el 30,2% del total de las consultas. Muy de cerca le siguió el alcohol, históricamente una de las sustancias más complejas de abordar, con 154 menciones (26%), la marihuana con 113 registros (19%) y el tabaco con 73 casos (12,3%).
Más allá de cuál sea la sustancia principal, el informe oficial encendió las alarmas respecto a la complejidad de los cuadros que reciben los profesionales de salud: el 58,8% de las personas atendidas manifestó un escenario de «policonsumo», es decir, el uso simultáneo de dos o más sustancias, lo que exige un abordaje interdisciplinario mucho más severo y personalizado.
En cuanto a la modalidad de atención, la presencialidad sigue siendo el pilar fundamental del sistema con 3.433 intervenciones cara a cara. Sin embargo, desde la cartera sanitaria destacaron que las 574 asistencias telefónicas, las 120 virtuales y las 7 domiciliarias resultaron herramientas clave para garantizar que los pacientes no interrumpan sus tratamientos y para ampliar el acceso en zonas críticas. De hecho, el 66,1% de todas las prestaciones del mes correspondieron a tareas de seguimiento continuo.
Geográficamente, el mayor volumen de trabajo y demanda se concentró en la Zona Andina, el Alto Valle y la Zona Atlántica, regiones que coinciden con los puntos de mayor densidad poblacional y capacidad operativa de los equipos especializados. Desde el Gobierno provincial remarcaron que estos indicadores demuestran la consolidación de una red de contención que no solo busca asistir al paciente, sino también brindar un soporte integral a las familias y los entornos afectivos que atraviesan esta problemática.

























