La crisis estructural y climática que golpea a las economías regionales del norte de la Patagonia empieza a reflejarse con crudeza en las góndolas y en las estadísticas de comercio exterior. Un informe del SENASA reveló que durante el mes de junio ingresaron a la Argentina 972 toneladas de manzanas, un volumen que representa un salto superior al 100% en comparación con el mismo mes del año pasado.
De acuerdo con lo consignado por la agencia ADN, el balance del primer semestre de 2026 consolida una tendencia histórica de sustitución hortícola. Entre enero y junio, las compras de manzana extranjera treparon a poco más de 3.600 toneladas, lo que marca un incremento del 140% frente al mismo período de 2025, y un descalabro del 220% si se lo compara con el promedio de los últimos cinco años. Con estos indicadores, el año en curso se perfila para romper el récord de la última década en materia de importación de fruta pomácea.
Sin embargo, los analistas del sector aclaran que este fenómeno no responde a una apertura deliberada o a una mayor competitividad del producto extranjero, sino a una respuesta de emergencia del mercado ante una escasez local sin precedentes. La principal causa radica en el fuerte derrumbe de la cosecha en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén, donde los factores climáticos adversos provocaron pérdidas de hasta el 40% en los rendimientos de las chacras.
Un bache de 15.000 toneladas que empuja los precios
Esta histórica merma en la recolección disminuyó de forma drástica la oferta de fruta fresca destinada al consumo doméstico. Durante la primera mitad del año, las colocaciones de manzana argentina en el mercado interno cayeron un 13%, provocando un faltante real que supera las 15.000 toneladas respecto a las pautas habituales de consumo de la población.
La fruta importada no da abasto: A pesar del fuerte impacto político y visual que genera el ingreso de camiones con manzana del exterior, las 3.600 toneladas importadas en el semestre apenas alcanzan a cubrir el 20% del déficit generado por la mala cosecha del Alto Valle.
Esta realidad demuestra que el abastecimiento general sigue bajo una enorme presión logística y comercial. Aunque la fruta importada, cuyos picos de ingreso se registraron en abril con más de 1.200 toneladas, actúa como un amortiguador parcial para evitar el desabastecimiento total en las cadenas de supermercados, su participación sigue siendo minoritaria frente al consumo nacional. Por este motivo, la persistente escasez de la producción valletana continuará siendo el factor determinante en la escalada de precios del producto en el corto plazo.

























