El hallazgo del cuerpo de Ángela Gladis Díaz, de 23 años, en una cantera del basural de Neuquén abrió una investigación judicial que avanza con cautela pero ya cuenta con un dato determinante: la joven murió a raíz de un traumatismo de gran magnitud.
“Se trata de un golpe compatible con un aplastamiento”, señaló una fuente cercana a la investigación. El detalle es clave para los peritos, teniendo en cuenta las características del lugar: una cantera con piedras procesadas, utilizadas luego por la empresa que administra el predio.
La víctima tardó doce días en ser identificada. La sequedad de la meseta neuquina, el clima y la acción de la fauna dificultaron el trabajo de los especialistas. El 18 de septiembre, un empleado de la empresa divisó lo que creyó que era ropa, pero al acercarse descubrió que se trataba de un cuerpo.
Desde ese momento se desplegó un extenso proceso forense: se tomaron muestras de fauna cadavérica, se realizaron impresiones dactilares en la morgue y se cotejaron datos con el Sistema Federal de Búsqueda de Personas (SIFEBU) y el Sistema Federal de Comunicaciones Policiales (SIFCOP).
Finalmente, el 30 de septiembre se logró la identificación gracias a un cruce con registros de Salud Pública: Díaz había sido operada de la rodilla izquierda tras un accidente en moto en junio, donde se le colocó un alambre de osteosíntesis, un dato que resultó decisivo.
La investigación continúa bajo el protocolo de femicidio, que establece que toda muerte violenta de una mujer debe abordarse inicialmente como presunto femicidio. Restan pericias que definirán si existió la intervención de terceros o si corresponde descartar esa hipótesis.
Ángela, madre joven, había sido vista por última vez en junio. Su caso reabre interrogantes sobre los mecanismos de protección y búsqueda en la provincia.

























