El mapa ferroviario de Río Negro recupera una de sus piezas fundamentales. Luego de un periodo de ausencia por reparaciones profundas, el Tren Expreso Rionegrino (TER) volverá a rodar por las vías de la Región Sur a partir del próximo 2 de junio. No se trata solo de un movimiento logístico: para las comunidades que habitan el corredor entre Ingeniero Jacobacci y la zona andina, el regreso de la formación representa recuperar una herramienta clave para la subsistencia y el vínculo cotidiano con los centros urbanos de mayor complejidad.
La reactivación llega tras una intervención técnica de gran escala en los talleres de San Antonio Oeste. El mantenimiento, que buscó garantizar la fiabilidad del servicio para los próximos años, incluyó la rectificación integral del motor diésel y la modernización de los sistemas de seguridad. Sin embargo, la mejora más visible para la operatividad en el terreno fue el recambio de los discos de ruedas y la revisión estructural de la transmisión, ajustes necesarios para afrontar el rigor del clima y el suelo rionegrino.
El servicio mantendrá su esquema de dos frecuencias semanales, partiendo los días martes y jueves a las 4 de la mañana desde Jacobacci. El itinerario contempla paradas intermedias en puntos estratégicos como Clemente Onelli, Comallo y Pilcaniyeu, para arribar a San Carlos de Bariloche antes del mediodía. El cronograma está diseñado con una lógica estrictamente funcional: permitir que los vecinos de las localidades más pequeñas puedan cumplir con turnos médicos, trámites administrativos o compras de insumos y emprender el regreso esa misma tarde.

En cuanto al cuadro tarifario, la empresa estatal ha definido valores que mantienen el esquema de beneficios sociales. El pasaje para adultos se fijó en $16.400, mientras que los jubilados abonarán $13.120. Por su parte, estudiantes y menores de entre 4 y 12 años pagarán $11.480. Siguiendo la normativa vigente, las personas con discapacidad y los menores de hasta 3 años viajarán sin cargo. Con la vuelta del TER, la provincia busca consolidar una política de conectividad que, lejos de la pretensión turística de otras formaciones, apunta a resolver el aislamiento de la estepa y garantizar el acceso a derechos básicos a través de las vías.
























