La audiencia de formulación de cargos realizada en la Ciudad Judicial de General Roca dio un giro contundente: la fiscalía atribuyó al conductor de una Volkswagen Amarok, de 29 años, la responsabilidad por un accidente en la Ruta Nacional 22 que terminó con cuatro víctimas fatales, incluidos dos niños. Se le impuso prisión preventiva por cuatro meses, ante el riesgo de fuga, y su camioneta fue embargada.
Según la acusación, Araneda conducía a alta velocidad —pericias estiman más de 170 km/h— bajo la influencia de alcohol y drogas. Además, los peritos detectaron que el nivel alcohólico podría haber estado entre 0,78 y 1,09 g/l, aunque la medición se realizó más tarde y dio 0,49 g/l. También se secuestraron en su vehículo varios dispositivos, una botella de vodka y sustancias psicotrópicas. 
El choque se produjo la mañana del 21 de noviembre, en el kilómetro 1204, cuando la Amarok embistió desde atrás a una Ford EcoSport que estaba detenida, lo que provocó que la EcoSport se incendiara casi de inmediato.  Las víctimas identificadas son Liliana Cocuzza, su hija Karina y los dos nietos de esta última. 
La fiscalía sostuvo que la imprudencia del imputado fue la causa del siniestro: no solo por la velocidad y el alcohol, sino también por la presencia de estupefacientes.  En su defensa, Araneda argumentó que la EcoSport habría frenado para recoger un equipaje que se cayó de su portaequipaje, y cuestionó la ausencia de balizas del vehículo detenido. 
La jueza de Garantías, Claudia Lemunao, respaldó el pedido fiscal y dispuso la prisión preventiva, además de la inhibición de bienes del imputado, mientras la causa sigue su curso. 
Este episodio ha conmocionado a Río Negro, no solo por la magnitud de la tragedia, sino por las preguntas que plantea sobre la seguridad vial, la conducción responsable y las consecuencias del exceso combinado con sustancias prohibidas.

























