El horror se desató en una vivienda de la localidad petrolera durante la madrugada, cuando una discusión por celos escaló hasta convertirse en un ataque que casi termina en tragedia. Según el escalofriante relato de la víctima, ella intentó pedir auxilio en el patio de su casa, pero fue alcanzada por su agresor, identificado como GEG, quien la derribó de un empujón y se posicionó sobre ella. Con un cuchillo de grandes dimensiones presionando directamente su cuello, el hombre le advirtió que si no permanecía a su lado la mataría, reforzando una lógica de posesión que la Justicia rionegrina calificó como una relación de subordinación y violencia simbólica basada en una desigualdad de poder perdurable en el tiempo.
El caso, tramitado en los tribunales de Cipolletti, se resolvió recientemente mediante un juicio abreviado donde el imputado admitió su responsabilidad en los delitos de amenazas calificadas por el uso de arma blanca y lesiones leves calificadas. La intervención policial inmediata, alertada por los gritos de la mujer que logró escapar hacia el interior de la vivienda mientras el agresor le pedía perdón, fue determinante para detener al sujeto y secuestrar el puñal utilizado. A pesar de la contundencia de las pruebas recolectadas por la fiscalía y el Gabinete de Criminalística, el acuerdo entre las partes estableció una pena de dos años y seis meses de ejecución condicional, lo que le permite al condenado no ir a prisión efectiva.
Para garantizar la seguridad de la mujer, la jueza Alejandra Berenguer impuso pautas de comportamiento que el hombre deberá cumplir a rajatabla para mantener su beneficio de libertad. Entre estas medidas se destaca la prohibición absoluta de acercamiento a menos de 300 metros y la restricción de contacto por cualquier medio. Además, el agresor deberá someterse a un tratamiento para el control de la ira y realizar un curso de masculinidades. Como reaseguro, se determinó que continúe utilizando una tobillera con GPS por un tiempo determinado, mientras la víctima mantiene en su poder un botón antipánico para alertar sobre cualquier posible incumplimiento.
Este fallo vuelve a poner en el centro del debate la efectividad de los juicios abreviados en contextos de violencia de género extrema. Si bien la confesión del culpable agiliza el proceso y evita a la víctima el desgaste de un juicio oral, la resolución deja una sensación agridulce: el agresor reconoció haber puesto un arma blanca en la garganta de su pareja, pero la falta de antecedentes penales terminó pesando más que la peligrosidad del acto. Mientras tanto, en Catriel, la protección de la mujer queda supeditada a un dispositivo tecnológico y a la voluntad del condenado de cumplir con un tratamiento psicológico.

























