Robson de Souza, conocido mundialmente como Robinho, cumple su condena en Brasil desde marzo de 2024, luego de que el Superior Tribunal de Justicia (STJ) homologara la sentencia impuesta por la justicia italiana por el delito cometido en 2013 en una discoteca de Milán.
Pese a su situación judicial, en su rutina penitenciaria ha asumido un rol inesperado: entrenar un equipo de fútbol dentro del penal de Tremembé. La información proviene del periodista Ulisses Campbell, quien, en su libro Tremembé: el presidio de los famosos, detalló cómo Robinho dirige el llamado «Tremembé Esporte Clube».
La dinámica deportiva en el penal va más allá de buscar el entretenimiento: las divisiones no se hacen según edad o género, sino en base al tipo de delito. Por ejemplo, un equipo está compuesto por «asesinos» y otro por «abusadores», incluyendo al capitán técnico—Robinho—en este último.
Esta iniciativa, según Campbell, ha atraído visitas de familiares ansiosos por ver al exfutbolista en persona, aumentando hasta en un 30 % el ingreso de visitantes al penal.
El rol de Robinho en el penal es una señal simbólica potente: un exdeportista de renombre desempeñando autoridad dentro de una cárcel define de forma particular cómo se entrelazan la fama, justicia y rehabilitación en escenarios penitenciarios. Además, su permanencia en el sistema penal brasileño se reforzó recientemente, cuando el Supremo Tribunal Federal (STF) rechazó los recursos presentados por su defensa para conseguir la libertad anticipada.

























