La invasión del conejo europeo en Río Negro se ha convertido en un problema significativo tanto para la biodiversidad local como para la producción agropecuaria. Este mamífero, originario de la Península Ibérica, fue introducido en Tierra del Fuego en la década de 1930 y, desde entonces, su población ha crecido de manera exponencial, extendiéndose desde el sur hacia el norte del país. Las áreas afectadas incluyen la zona cordillerana, el Alto Valle y el Valle Medio, con un aumento notable de denuncias por parte de productores en la región de Villa Llanquín, cerca de Bariloche.
El conejo europeo, que puede medir entre 35 y 45 centímetros y pesar hasta 2.5 kilogramos, ha demostrado ser altamente invasivo. Roberto Espósito, subsecretario de Fauna Silvestre de Río Negro, explicó que inicialmente se buscaba aprovechar su carne y piel, pero el animal se asilvestró y su capacidad reproductiva ha llevado a un crecimiento descontrolado. Una hembra puede reproducirse cada 40 días y tener hasta cinco crías, lo que complica aún más la situación.
Desde 2020, el conejo europeo fue categorizado por la Secretaría de Ambiente de la Nación como una especie perjudicial, lo que prohibió su importación y comercio. A pesar de los esfuerzos por controlar su población, su impacto negativo en el medio ambiente es considerable, ya que excavan cuevas y madrigueras, dañando raíces y pasturas, y compiten con la fauna nativa por alimento.
El control biológico ha sido exitoso en otros países como Nueva Zelanda y Chile, donde se ha utilizado un virus específico que logra una mortalidad del 95% entre las poblaciones de conejos. Sin embargo, en Argentina, este enfoque no es viable debido a las restricciones legislativas que impiden la inoculación de virus, por el riesgo de afectar a conejos domésticos.
Por el momento, la caza es el único método de control disponible, aunque no es suficiente para contener la población. Las autoridades están considerando otras alternativas como trampas y cebos, pero estos métodos podrían tener efectos colaterales sobre otras especies. Espósito sugirió que la captura de conejos vivos podría ser el camino a seguir, junto con la caza deportiva, que ha sido autorizada en la región durante la última década.
La situación sigue siendo crítica y las autoridades de Fauna y Ambiente de Río Negro trabajan para elaborar un plan de manejo que permita mitigar este problema creciente, determinando el área de distribución del conejo europeo y buscando soluciones efectivas que protejan tanto la producción agropecuaria como la biodiversidad local.

























