La crisis de Garbarino y Compumundo parece llegar a su instancia final. La Justicia fijó un plazo de apenas cinco días para que posibles interesados se anoten en el Registro de Interesados, depositen $400.000 en la cuenta judicial y presenten la documentación correspondiente con el objetivo de analizar un salvataje.
En caso de que aparezca una propuesta concreta, se designará un evaluador que dispondrá de 30 días para determinar el valor real de las empresas. Sin embargo, en el mercado reina el escepticismo: se considera muy poco probable que surja un inversor dispuesto a reflotar un modelo de negocio que quedó obsoleto, especialmente en un contexto de profunda crisis financiera y comercial.
De no prosperar ninguna oferta, ambas cadenas emblemáticas del consumo masivo tecnológico en Argentina enfrentarán el cierre definitivo y la quiebra formal, replicando lo ocurrido con Garbarino Viajes, cuya disolución marcó el derrumbe de un grupo que llegó a ser líder en retail.
La situación se enmarca en un escenario de cambios profundos en los hábitos de consumo, con el e-commerce y la venta directa a fabricantes ocupando cada vez más espacio, dejando a las históricas casas de electrodomésticos y tecnología sin margen de competitividad.
























