La fruticultura en Río Colorado atraviesa una crisis profunda que la ha llevado a perder gran parte de su sistema productivo. Según estimaciones de Marcos Rodríguez Barbini, presidente de la Cámara de Productores local, solo quedan alrededor de 100 productores de los 300 históricos, y el 70% de la tierra sistematizada (unas 3.700 hectáreas) está actualmente fuera del negocio frutícola. Este panorama se suma a los datos del SENASA de 2023, que ya marcaban la «desaparición» de 11.700 hectáreas en el Alto Valle en diez años.
La coyuntura adversa se debe a la combinación de factores macroeconómicos y problemas climáticos. Rodríguez Barbini señaló que el negocio está «todo atado a la rentabilidad», que hoy no existe. Los productores sufrieron el impacto del granizo, que en la temporada anterior se llevó el 50% de la cosecha, y la ruptura de la cadena de pagos sumada a la retracción general del consumo.
Costos que superan las ventas
A diferencia del Alto Valle, que exporta, la fruticultura de Río Colorado se orienta al mercado interno, ligada a acopiadores y a centros de consumo doméstico como Bahía Blanca, Buenos Aires o Rosario.
El dirigente explicó que el valor de la fruta «bajó por lo menos un 30% comparado con la temporada anterior», mientras que los costos se vieron afectados por un ciento y pico por ciento de inflación acumulada. «Fue imposible hacer esa remarcación porque no había mercado», sentenció. A esto se sumó el problema de arrancar la temporada con pera del año anterior aún sin vender.
Sin inversiones ni crédito viable
La región se considera un «microclima» donde las grandes empresas no muestran interés en invertir, manteniendo la actividad con un 70 u 80% de pequeños productores (entre 1 y 20 hectáreas).
Reconvertir una sola hectárea requiere una inversión que oscila entre USD 30.000 y USD 40.000, un capital que los productores no pueden obtener de la rentabilidad de sus chacras ni del crédito actual. Rodríguez Barbini lamentó que, a diferencia de años atrás, el financiamiento actual no ofrece los «cinco años de gracia» necesarios para que una plantación nueva comience a producir.
En este contexto, la fruta de carozo (durazno, pelones y ciruelas) ha sido una alternativa para la supervivencia, ya que su venta es «en caliente» y no depende de la conservación en frío.
Alivio burocrático del Senasa
Un punto a favor para los productores locales fue la resolución 21/2025 del SENASA, emitida en febrero, que permite el «acondicionamiento primario» de la fruta en la propia chacra del productor. Esta medida «facilitó bastante» y permitió a varios ir directamente al mercado, evitando intermediarios.

























