El Gobierno nacional decidió intervenir con fuerza en el mercado cambiario luego de que el dólar oficial alcanzara los $1.300. Para revertir esta tendencia, el Banco Central implementó una batería de medidas que incluyeron la venta de más de USD 600 millones en contratos de dólar futuro y un aumento significativo en las tasas en pesos.
Estas acciones buscaron frenar la demanda de divisas y estabilizar la cotización. A partir de la intervención, el dólar minorista cerró en $1.280 y el mayorista bajó a $1.260, en una jornada marcada por alta tensión en los mercados financieros.
Además, se activaron pases pasivos para absorber liquidez del sistema y el Tesoro lanzó una licitación orientada al mismo fin: quitar pesos de circulación para reducir la presión cambiaria.
Si bien la estrategia logró un efecto inmediato, el panorama a mediano plazo sigue siendo incierto. La menor liquidación de divisas del sector agroexportador y el aumento en las importaciones podrían reactivar la presión sobre el dólar, obligando al Gobierno a mantener o intensificar sus intervenciones.
Las señales del mercado son claras: el Gobierno no está dispuesto a convalidar un dólar por encima de los $1.300, al menos en el corto plazo. Pero los desafíos macroeconómicos siguen latentes y el margen de maniobra oficial podría estrecharse.

























