General Roca. Las redes sociales en la región se convirtieron en el escenario de una discusión poco habitual tras el testimonio de Luna, una joven roquense que decidió hacer pública su identidad como therian. Este término, que denomina a personas que sienten una conexión profunda e identitaria con animales no humanos, comenzó a ganar visibilidad en la ciudad, exponiendo tanto la búsqueda de pertenencia de las nuevas generaciones como los prejuicios que persisten en la comunidad digital.
A través de una cuenta de Instagram, Luna relató que durante mucho tiempo mantuvo su sentir en silencio por miedo al juicio ajeno. “Al principio me costó un montón aceptarlo”, confesó, señalando que el temor a ser tildada de «rara» o de buscar atención la condicionó durante años. Según su relato, esta identificación no es estática —su conexión con distintos animales varía con el tiempo— y surgió como una respuesta a un periodo personal complejo, convirtiéndose en un espacio de calma y contención.
Entre el refugio y el prejuicio
Para quienes se identifican como therians, el vínculo con lo animal no implica un desconocimiento de su realidad biológica humana, sino que se vive como una experiencia interna, simbólica o emocional. Para Luna, el término representa un «lugar seguro» donde se siente entendida frente a las dificultades del entorno. Sin embargo, la exposición pública trajo consigo el lado más hostil de la web: mensajes irónicos, burlas y cuestionamientos que la joven lamentó públicamente. Mientras algunos usuarios resaltaron la importancia de la salud mental, otros atacan el fenómeno percibiéndolo como algo fuera de la norma.

“Hay gente que se ríe y hace chistes, y aunque parezca una pavada, a veces duele más de lo que creen”, expresó en una de sus publicaciones, haciendo hincapié en la falta de empatía de quienes ridiculizan su forma de percibirse.

























