El complejo escenario económico argentino está arrojando una noticia positiva para quienes están alcanzados por el Impuesto a las Ganancias de la cuarta categoría. A diferencia del sistema anterior, que ajustaba los parámetros una vez al año basándose en el promedio salarial (RIPTE) y solía dejar las escalas desfasadas frente a la inflación, la fórmula actual utiliza el Índice de Precios al Consumidor (IPC) del semestre previo. Este cambio de reglas de juego está provocando un «diferimiento» que beneficia al trabajador: como la inflación de los meses pasados fue más alta que la actual, el piso del impuesto sube más rápido de lo que están subiendo los sueldos en el presente.
Este desfase temporal actúa como un escudo protector para el salario. En la práctica, aquellos empleados que recibieron aumentos recientes pero cuyos ingresos se mantienen cerca del mínimo no imponible, están logrando postergar su ingreso al esquema de retenciones. Según especialistas tributarios, este sistema es mucho más razonable que el anterior, ya que evita que un trabajador pierda todo su aumento salarial o el cobro de horas extras simplemente por «saltar» a una categoría superior con alícuotas más altas, que llegan hasta el 35%.
El proceso cuenta con dos momentos clave de ajuste en el año: uno en el primer semestre y otro en el segundo. Lo interesante para los contribuyentes rionegrinos es que, al realizarse la liquidación anual, si se detecta que el ajuste semestral fue mayor a lo retenido mes a mes, ARCA debe devolver los montos cobrados de más. Esto significa que algunos trabajadores podrían encontrarse con una devolución de dinero en la segunda mitad del año, funcionando como un ingreso extra inesperado frente a la pérdida de poder adquisitivo general.
Sin embargo, el beneficio no es igual para todos y depende estrictamente de cada escala salarial. Por ejemplo, un empleado que en diciembre estaba justo por debajo del piso y hoy recibe un incremento del 14%, podría seguir quedando fuera del impuesto si el mínimo no imponible se ajustó en esa misma proporción. En un contexto donde el Gobierno busca estabilizar los precios, este efecto de «alivio» tiende a normalizarse, pero mientras persista la inercia de la inflación pasada, los trabajadores en relación de dependencia cuentan con una ventaja técnica que les permite cuidar un poco más su salario neto.

























