Durante dos décadas, la vida de una mujer transcurrió bajo un régimen de aislamiento y control absoluto. Su pareja, bajo ideas rígidas y machistas, le prohibía cualquier actividad que no fuera el trabajo doméstico o la crianza de sus cuatro hijos. Sin autonomía económica y bajo la constante amenaza de que «no podría sostenerse sola», la mujer quedó atrapada en una relación donde los bienes estaban únicamente a nombre del hombre. Sin embargo, el horror alcanzó su punto máximo con un episodio de abuso sexual contra la hija de ambos, hecho por el cual el sujeto fue condenado penalmente y hoy cumple su pena tras las rejas.
Tras la victoria en el fuero penal, la mujer y su hija, ya mayor de edad, decidieron ir un paso más allá e iniciaron una demanda civil en Choele Choel por daños y perjuicios. El fallo reciente de la jueza civil hizo lugar al reclamo, basándose en pericias psicológicas que revelaron daños profundos y persistentes en la psiquis de ambas. Los informes científicos, que no fueron cuestionados, demostraron cómo la violencia estructural provocó cambios drásticos en sus personalidades y afectó sus vínculos sociales y familiares de manera permanente.
La magistrada encuadró el caso dentro de normativas internacionales de jerarquía constitucional, como la Convención de Belém do Pará, subrayando que la ley nacional autoriza expresamente a las víctimas a reclamar una reparación económica por el daño sufrido. En su argumentación, la jueza valoró además la falta de interés del demandado, quien desde la cárcel no contestó la demanda ni participó de las audiencias, lo que reforzó la veracidad de los hechos denunciados por la madre y la hija.
La sentencia no solo reconoce el abuso directo, sino también el peso de la «mochila» que debió cargar la madre: la disolución del proyecto de vida, la exposición pública del caso, el rechazo de su familia política y la responsabilidad de criar sola a cuatro hijos tras la denuncia. Este fallo sienta un precedente fundamental en Río Negro al entender que la justicia para las víctimas de violencia de género no termina con el encierro del agresor, sino que debe incluir una reparación material que ayude a reconstruir las vidas destrozadas por años de sometimiento.
























