Cipolletti inició en las últimas horas un operativo municipal para “terminar con la actividad trapito” en distintos puntos de la ciudad. El intendente Rodrigo Buteler comunicó la medida en redes sociales y afirmó que el objetivo es claro: sacar a los trapitos de las esquinas y devolverles tranquilidad a los vecinos.
“Lo que decimos, lo hacemos. Hoy empezamos con el operativo para sacar a los trapitos de las esquinas de Cipolletti”, expresó el intendente al anunciar el despliegue de inspectores, Policía y equipos municipales para recuperar los cruces más conflictivos.
El procedimiento forma parte de un plan integral de ordenamiento urbano que incluye presencia diaria en los sectores críticos, controles permanentes y una política activa para desalentar la actividad que durante años generó reclamos vecinales.
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Roca, en cambio, sigue atrapada en el problema
Mientras Cipolletti avanza con operativos concretos, en General Roca la realidad es muy diferente. Tal como lo viene exponiendo TodoRoca la situación es: Civilización o barbarie. Roca en acción es un lema perdido, vacío de contenido, un eslogan que supo utilizar un caudillo peronista llamado Carlos Soria, y repiten como loros sus hijos pero nunca encontraron las coordenadas para abastecer de sentido aquella marca política. Hoy Roca es la ciudad de los trapitos y la violencia. El fenómeno se encuentra completamente desbordado:
• Trapitos que rompen aspersores para evitar ser mojados.
• Amezas y aprietes a automovilistas.
• Lavacoches que toman por completo las veredas del Sanatorio Juan XXIII.
• Peleas, riñas, gritos y presencia permanente en esquinas altamente transitadas.
• Ausencia de controles municipales sostenidos.
La postal cotidiana de Roca es la de una ciudad donde el espacio público parece haber quedado en manos de grupos que operan sin regulación, sin intervención efectiva y con una avanzada que genera miedo, incomodidad y enojo entre vecinos y comerciantes.
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Dos ciudades, dos modelos
Mientras Cipolletti muestra decisión política para enfrentar un problema urbano que afecta la convivencia, Roca continúa sin respuestas claras, sin operativos estables y sin una estrategia que devuelva orden a las zonas más conflictivas.
La pregunta que queda flotando es inevitable:
¿Por qué una ciudad puede y la otra no?

























