En un mundo donde la etiqueta y el buen trato parecen, a veces, un concepto abstracto, la Justicia de Río Negro nos ha regalado una joya de sentencia: un concejal deberá, de ahora en adelante, ser respetuoso al dirigirse a una funcionaria municipal. Sí, leyó bien. El motivo, aunque suene a comedia de enredos, es tan real como la indignación de la afectada: una frase con «connotación peyorativa» durante una sesión legislativa.
Resulta que la funcionaria se plantó ante el Juzgado de Paz de Jacobacci. Su pedido no fue una locura tipo «prohibición de acercamiento», sino algo mucho más civilizado y, al parecer, revolucionario en ciertos ámbitos: comunicación basada en el respeto. La gota que rebalsó el vaso fue un «a esta secretaria (…)», pronunciado por el edil. Aunque el concejal, con la mano en el corazón, juró que siempre fue un dechado de virtudes y presentó un audio como prueba (en el que, curiosamente, se oía la frase en cuestión), la Justicia, con lupa en mano, desglosó el uso del término «esta».
Y aquí viene la lección magistral de semántica: el «esta», antepuesto a una mención institucional, puede cargar con un matiz despectivo o descalificador. Las palabras tienen un peso, y en este caso, el uso de «esta» resultó «impropio para una relación institucional entre personas que ejercen funciones públicas». Así que, el concejal quedó advertido: nada de manifestaciones agravantes y a dirigirse a la funcionaria sin esas «palabritas» que generan incomodidad. La Cámara Segunda del Trabajo, con sede en Bariloche, le dio la estocada final, confirmando el fallo de Jacobacci y dejando claro que el ejercicio de la función pública no es patente de corso para el maltrato.

























