El insólito suceso se registró el miércoles por la noche, alrededor de las 21:30 horas, en un terreno baldío ubicado en la calle Perú casi La Esmeralda, en Cipolletti. El protagonista del incidente es un joven que habita en situación de calle y es conocido en el sector por trabajar como “trapito” o limpiador de vidrios en el semáforo de la misma esquina.
Una mujer que pasaba por el lugar alertó la situación: observó al sujeto con los pantalones bajos mientras bebía una cerveza y realizaba la autoestimulación. Enfurecida por el acto, la vecina lo increpó verbalmente y, según trascendió, le arrojó piedras, mientras exigía a gritos su detención. La mujer manifestó su preocupación por el potencial impacto del hecho en menores, exclamando: «Mirá si pasaba mi hija y lo veía».
Efectivos de la Comisaría 32 acudieron al lugar y procedieron a la detención del acusado, trasladándolo a la Unidad policial, donde se inició una causa judicial caratulada como «exhibiciones obscenas».
A pesar de la denuncia y la detención, el hombre recuperó la libertad este jueves. Fuentes del Ministerio Público Fiscal informaron que no pudieron avanzar con la formulación de cargos, ya que no se logró acreditar la existencia de dolo. En el contexto legal, esto significa que no se pudo comprobar que la intención del hombre fuese la de que el acto sexual o la exhibición fueran percibidos por terceros y que, por lo tanto, no se configuró el delito de exhibiciones obscenas tal como lo requiere la legislación.
Se pudo saber que el hombre pernocta habitualmente en el descampado donde fue hallado, un dato que pudo haber respaldado el argumento de la falta de dolo en su accionar. El suceso expone una vez más la complejidad de aplicar la ley a este tipo de conductas en la vía pública, especialmente cuando la intencionalidad del acusado no puede ser probada.
























