A pocos días de una nueva edición de la Fiesta Nacional de la Manzana, la maquinaria oficial de comunicación ya comenzó a rodar: se anuncian colectivos gratuitos, paseos gastronómicos de lujo y un despliegue técnico envidiable en el predio de la calle Tronador. Sin embargo, detrás del brillo de las luces y el humo de los carritos gourmet, surge una pregunta que incomoda a la gestión municipal: ¿Es ético gastar 3.000 millones de pesos en un show cuando la ciudad estructural presenta falencias de hace décadas?
El concepto de «gratuidad» que vende el Ejecutivo local es, en rigor, un espejismo de colores. Nada es gratis. El transporte, la seguridad, la contratación de artistas y la infraestructura del predio se financian con el esfuerzo de los contribuyentes. Ese dinero, que sale de los impuestos de cada vecino, hoy parece tener un destino más orientado a la «selfie» y al marketing político que a la resolución de problemas reales.
Mientras el predio ferial desbordará de energía y tecnología, a pocos kilómetros la realidad es otra. General Roca es una ciudad que se inunda con cada tormenta por falta de obras pluviales, que convive con tomas habitacionales precarias y donde cientos de familias aún viven en ranchos de madera y nylon, con niños durmiendo sobre el suelo natural.
La contradicción es obscena:
Servicios: Barrios enteros carecen de gas, agua potable o cloacas.
Empleo: Hace más de 15 años que el Parque Industrial II sigue inconcluso, frustrando la posibilidad de generar trabajo genuino y radicación de empresas.
Urbanismo: El crecimiento de la ciudad se da sin planificación vial ni inversión seria en educación y salud.
La cultura del gasto vs. la cultura de la inversión
El municipio ha decidido ocupar el rol de «productor de eventos» antes que el de administrador de soluciones. Se prioriza el «gasto político» y electoral por sobre la inversión de capital. Maquillar espacios verdes y multiplicar festivales genera una sensación de ciudad «linda y activa», pero es un barniz que no tapa la falta de planificación urbana y el abandono de las periferias.
La identidad de una ciudad no se construye solo con un escenario; se construye con dignidad habitacional, con calles transitables y con oportunidades laborales. Decir que la fiesta es «gratuita» es una falta de respeto al vecino que, al regresar de la celebración en el colectivo sin costo, se encuentra con una calle a oscuras, sin servicios y sin futuro claro.
En definitiva, la Fiesta de la Manzana 2026 parece confirmar una lógica de gestión que prefiere brillar intensamente durante tres noches, aunque eso signifique condenar a la ciudad a vivir en la penumbra el resto del año. Es hora de preguntarnos si queremos un municipio que nos dé un show o uno que nos dé una ciudad.

























