La tensión en el corazón productivo del Alto Valle volvió a estallar con fuerza tras confirmarse el desembarco de cargamentos de manzana fresca provenientes de Chile. La Federación de Productores de Frutas de Río Negro y Neuquén encendió las alarmas y apuntó directamente contra los grandes galpones de empaque de la región, acusándolos de montar una estrategia de competencia desleal en plena época de cosecha para pulverizar el valor de la producción local.
El conflicto tomó estado público luego de que se detectaran movimientos de camiones con fruta importada ingresando a un importante galpón de empaque en Cinco Saltos, vinculado a firmas multinacionales como Dole. Lo que desveló a los chacareros no es la presencia de la fruta trasandina en sí, un fenómeno que ya tiene antecedentes en el mercado, sino el cambio drástico en la modalidad de juego. Esta vez, la manzana no llega procesada y embalada en cajas listas para la góndola, sino a granel, contenida en enormes «bins» de acopio.
Para la conducción de la Federación, este vuelco logístico esconde una trampa económica peligrosa. Al ingresar la fruta a granel, las grandes exportadoras pueden lavarla, clasificarla y empaquetarla dentro de las propias instalaciones rionegrinas, confundiéndola con la producción regional. Esto les permite utilizar el stock importado como un amortiguador para saturar el mercado interno. La maniobra cobra un tinte más oscuro este año debido a las características de la temporada actual: a diferencia del ciclo pasado, cuando la sobreoferta hundió las ganancias de las chacras a valores miserables, este año registra un volumen de producción menor, lo que representaba la única oportunidad real para que los chacareros locales pudieran defender el precio de su esfuerzo. El ingreso de los bins chilenos funciona, en la práctica, como una herramienta de presión comercial para frenar cualquier intento de recomposición en origen.
El presidente de la entidad, Sebastián Hernández, advirtió que las asimetrías estructurales vuelven inviable cualquier competencia mano a mano con el país vecino. El productor argentino carga con una mochila de costos de producción, tarifas de servicios y presiones impositivas notablemente superiores a las que enfrentan las empresas del otro lado de la cordillera. Por este motivo, la Federación formalizó su reclamo mediante cartas urgentes enviadas al secretario de Agricultura de la Nación, Sergio Iraeta, y a la titular del SENASA, María Beatriz Giraudo Gaviglio, exigiendo un rechazo rotundo a las autorizaciones de importación a granel. Los dirigentes alertaron que permitir que esta práctica se consolide abrirá una puerta imposible de cerrar, terminando de vaciar las golpeadas colonias del Alto Valle y arrastrando tanto la economía regional como los puestos de trabajo de miles de familias que dependen de la fruta.
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