El clima político en los pasillos de la Casa Rosada se puso al rojo vivo. Mauricio Macri se plantó y empezó a meterle una presión enorme a Javier Milei para que eche de inmediato a su jefe de Gabinete, Manuel Adorni. El funcionario quedó en el ojo de la tormenta después de admitir públicamente que omitió declarar una importante suma de dinero en negro, que según sus palabras venía de inversiones en criptomonedas y de una herencia familiar. La respuesta del PRO fue tajante y directa: colgaron un mensaje durísimo en las redes sociales recordándole al libertario que quienes apoyan el rumbo actual quieren que se defienda la bandera del cambio y no a un funcionario que metió la pata con su declaración jurada.
A pesar de las ganas que tiene de ver a Adorni fuera del Gobierno, Macri prefiere moverse con mucha astucia y tomar distancia del bombardeo que armaron los bloques opositores en el Congreso. Desde el entorno del expresidente aseguran que no van a poner los votos del PRO para apoyar los pedidos de interpelación ni para activar una moción de censura. La explicación que dan puertas adentro es muy simple: consideran que subirse a esa movida sería hacerle el juego al kirchnerismo y prestarse a un show mediático que solo busca debilitar al Poder Ejecutivo. Para el macrismo, usar los mecanismos constitucionales para echar a un ministro es una medida demasiado extrema, sobre todo sabiendo que el caso ya está en manos de la Justicia y todavía no hay un procesamiento firme.
Sin embargo, los diputados y senadores del partido amarillo sacan cuentas y están convencidos de que el destino del jefe de Gabinete ya está sellado. La oposición más dura convocó a una sesión especial para el próximo 23 de junio con la idea de acorralar al funcionario y forzar su salida. Pero la apuesta del PRO, y de varios sectores del radicalismo, es que Adorni no va a llegar con aire a esa fecha. El pronóstico general es que el economista terminará dando un paso al costado antes de sentarse en el recinto, evitándole a Milei tener que soportar una votación caótica que exponga la debilidad parlamentaria del oficialismo.
El enojo de Macri y su mesa chica se desató por el tremendo cambio de discurso que tuvo Adorni en los últimos días. Hace apenas un par de meses, el funcionario le había asegurado al Congreso que todo su patrimonio estaba en regla y sin ningún tipo de ocultamiento. Pero el panorama cambió por completo cuando admitió en televisión que tenía unos 300.000 dólares guardados «en negro» por ganancias con cripto y otra buena cantidad de efectivo que encontró en la casa de su padre tras su fallecimiento. Para la cúpula del PRO, que un funcionario admita semejante desprolijidad mientras se le pide un esfuerzo gigante a toda la sociedad es un error que no tiene ninguna justificación posible.
Esta crisis encuentra a un Mauricio Macri que se siente más fuerte y empoderado que nunca desde que dejó la presidencia. La relación con Milei venía golpeada desde que el libertario decidió sacar de la cancha a Guillermo Francos para poner a Adorni como jefe de Gabinete, rompiendo los puentes de diálogo que el PRO tenía con la Casa Rosada. Ahora, con el Gobierno contra las cuerdas por este escándalo ético y las feroces internas en el entorno presidencial, Macri aprovecha el momento para marcar la cancha, diferenciarse de los libertarios y demostrar que su partido sigue siendo la llave para mantener la gobernabilidad en el país.

























