La geografía política rionegrina parece estar ingresando en una fase de mutación sistémica, donde los viejos clivajes partidarios ceden ante el rigor del pragmatismo. El catalizador de este movimiento se sitúa en Roca, histórico bastión del peronismo local, donde el presidente del PRO, Juan Martin, lanzó una propuesta audaz: la construcción de un frente transversal diseñado específicamente para erosionar el prolongado feudo del clan Soria. Esta estrategia, lejos de ser un arrebato aislado de la oposición, cuenta con la mirada atenta y el sutil beneplácito del gobernador Alberto Weretilneck, siempre predispuesto a propiciar escenarios que debiliten al kirchnerismo y estabilicen su propia arquitectura de poder en Viedma. En este ajedrez de alianzas cambiantes, la irrupción de Javier Acevedo, titular del bloque CC-ARI Cambiemos, adquiere el peso de una definición estructural: no solo convalida el experimento roquense, sino que propone elevarlo a la categoría de doctrina provincial.
La tesis de Acevedo es tan lineal como ambiciosa: si la transversalidad es el remedio eficaz para suturar las divisiones en los municipios, carece de lógica intelectual mantener las fronteras cerradas a nivel provincial. El legislador roquense sintoniza de manera exacta con el diagnóstico de Juan Martin sobre la necesidad de deponer dogmatismos estériles, pero advierte que la madurez dirigencial no admite compartimentos estancos. En su análisis, la crisis de representatividad y las urgencias económicas de la provincia demandan un esquema de coalición mucho más amplio que el actual, capaz de blindar el rumbo productivo de Río Negro frente a los embates de la vieja política.
Para Acevedo, la discusión local debe actuar como el espejo donde se mire la política provincial en su conjunto. Al respecto, el parlamentario fue categórico al señalar que “si en General Roca distintos sectores políticos entendemos que es necesario construir acuerdos amplios para dejar atrás viejas lógicas de confrontación y evitar nuevas divisiones, pienso que esa misma discusión debe darse en toda la provincia”. De este modo, la Coalición Cívica convalida el llamado del PRO pero estira el horizonte temporal y geográfico del acuerdo, desafiando a las fuerzas tradicionales a salir de su zona de confort endogámica.
El núcleo duro del planteo de Acevedo reside en una apelación a la honestidad de sus pares, en un escenario donde los personalismos suelen obturar las reformas de fondo. Sosteniendo una mirada que bien podría asimilarse a la necesidad de oxigenar el espacio público que también desvela a Weretilneck, el legislador afirmó: “En Roca hablamos de amplitud, dejar de lado egos y dogmatismos, de construir una mayoría más amplia y moderna. Bueno, entonces tengamos el coraje y la honestidad intelectual de discutir lo mismo para Río Negro”. Según esta perspectiva, la conformación de una mayoría novedosa no es una opción electoralista, sino un imperativo ético para dotar de equilibrio y nuevos liderazgos a una provincia que atraviesa un momento histórico de la mano del desarrollo hidrocarburífero y minero.
Toda coalición naciente requiere, por definición, un antagonista que funcione como amalgama de sus contradicciones internas. En este diseño de poder, el límite de la tolerancia programática está nítidamente trazado por el pasado inmediato. Acevedo no anduvo con rodeos al identificar el borde de la cancha política que pretenden trazar junto al PRO y al oficialismo provincial, sentenciando que “el límite sigue siendo el kirchnerismo y las viejas prácticas hegemónicas que ya conocemos. Río Negro necesita mirar para adelante, fortalecer su perfil productivo, energético y turístico, y construir una mayoría democrática capaz de sostener estabilidad y gobernabilidad”.
Lejos de exigir una uniformidad ideológica que licue las identidades de origen, la propuesta que ahora sobrevuela los despachos de Viedma y el Alto Valle se sostiene sobre la base de un consenso por objetivos. En el epílogo de su pronunciamiento, Acevedo ensayó una apología del disenso ordenado bajo un mismo paraguas programático, concluyendo que “no se trata de resignar identidades partidarias ni de pensar todos igual, sino de entender que la sociedad está reclamando dirigentes capaces de dialogar, acordar y defender a Río Negro por encima de las mezquindades políticas y procurar acuerdos programáticos lo más amplio posibles”. El guante ha sido arrojado sobre la mesa; resta ver si el PRO de Juan Martin y el oficialismo de Weretilneck están dispuestos a recogerlo para rediseñar definitivamente el mapa del poder rionegrino.

























