Según consta en actuaciones policiales, Damián Sánchez de 43 años, radicó una denuncia penal en la que acusa al letrado –Nicolás Suárez Colman– de haberlo agredido físicamente y amenazado durante un encuentro ocurrido alrededor de las 13:30 en un salón ubicado en la calle Viterbori al 701. El episodio, que comenzó como una discusión personal, terminó con intervención de los presentes y con personal de seguridad retirando al abogado del lugar.
De acuerdo con el relato del denunciante, Suárez Colman se le habría acercado por detrás y lo obligó a darse vuelta para quedar frente a él. En ese momento, según la denuncia, el abogado lanzó un golpe de puño que el comerciante logró esquivar parcialmente, recibiendo el impacto en el hombro.
El episodio no habría terminado allí. El letrado continuó la agresión con un cabezazo que impactó en la nariz del comerciante y le provocó un sangrado inmediato.
La situación, describen testigos, escaló rápidamente. Fueron los presentes quienes intervinieron para evitar que el episodio pasara a mayores, mientras el agresor profería gritos y amenazas de muerte. El nivel de tensión fue tal que el personal de seguridad decidió retirar a Suárez Colman del salón.
En su declaración, Sánchez aportó además un posible trasfondo para el conflicto. Según explicó, el abogado había sido su representante legal dos años atrás, relación que terminó en malos términos luego de una denuncia previa vinculada a falsificaciones de firmas en fichas de afiliación partidaria.
A partir de allí, el episodio deja de ser únicamente un incidente personal para adquirir una dimensión más incómoda: la que mezcla política, internas y viejas cuentas pendientes.
Quizás por eso resulte inevitable recordar una definición que parece escrita a medida para describir ciertos comportamientos públicos. Histriónico, dicen los manuales, es quien exhibe “un comportamiento exageradamente dramático, teatral o emocional, caracterizado por una necesidad constante de ser el centro de atención”. El término proviene del latín histrio, actor, y suele emplearse para describir actitudes afectadas, efusivas o exageradas que buscan captar miradas.
No hace falta abusar de la interpretación psicológica para advertir que, en este caso, la escena terminó teniendo algo de teatral. Con un gran actor, drama, público y hasta personal de seguridad que debió bajar el telón antes de tiempo y expulsar al protagonista.
Lo que ahora queda es la parte menos escénica: la judicial. La denuncia está presentada y el episodio, más allá de los relatos cruzados que seguramente aparecerán, coloca al presidente provincial de Republicanos Unidos en una situación incómoda.
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