La empresa Southern Energy, un consorcio integrado por YPF, Pan American Energy, Pampa Energía y Harbour Energy, junto a la noruega Golar LNG, expuso su proyecto de exportación de Gas Natural Licuado (GNL) en una audiencia pública. La presentación se centró en el estudio de impacto ambiental del segundo buque licuefactor (MKII), una iniciativa estratégica para transformar el gas de Vaca Muerta en un activo de exportación de gran escala. El proyecto representa una inversión de USD 15.000 millones y proyecta generar USD 20.000 millones en divisas para 2035.
Detalles técnicos del proyecto y el buque MKII
El proyecto, que se desarrollará en el Golfo San Matías, prevé la llegada del buque MKII, actualmente en construcción en China. Con una eslora de 392 metros, será el buque industrial más grande en operar en aguas argentinas. El buque tendrá una capacidad de producción de 3,5 millones de toneladas anuales (MTPA) de GNL y operará en tándem con el buque Hilli Episeyo, el primer buque licuefactor del proyecto, que entrará en funcionamiento en el último trimestre de 2027. La operación conjunta de ambos buques sumará una capacidad de exportación superior a los 5,9 MTPA de GNL.
Para la logística en tierra, los buques flotantes de GNL se apoyarán en un gasoducto que los conectará con los yacimientos de Vaca Muerta, y en la infraestructura en San Antonio Este. La compañía ya obtuvo el permiso de exportación y la adhesión al Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), lo que muestra un avance en la consolidación del proyecto.
Impacto ambiental y monitoreo exhaustivo
La consultora Serman & Asociados fue la encargada de presentar el estudio de impacto ambiental. La propuesta incluye un plan de protección ambiental con medidas preventivas, un plan de monitoreo en tiempo real, un plan de respuesta a emergencias y un plan de gestión social. Se realizarán monitoreos de temperatura y salinidad alrededor de los buques para asegurar que no se altere el entorno.
Además, el plan incluye la medición de componentes químicos y la vigilancia de la fauna marina. Se utilizarán sonares para detectar el ruido subacuático, un factor de disrupción para la vida marina, y se harán estudios comparativos con áreas sin impacto para evaluar los efectos. La compañía también reconoce otros impactos potenciales, como la turbidez del agua, la modificación del paisaje y un aumento en los riesgos de derrames. La aprobación ambiental del MKII es clave para habilitar la segunda fase de desarrollo del proyecto en Río Negro.
























