Se acercan las elecciones de medio termino y las señales de noticias partidarias ya comenzaron a desplegar toda su artilleria de operaciones informativas basadas en supuestas encuestas de «especialistas» embanderados politicamente, como es el caso de Pablo Diaz, quien ni siquiera oculta quienes contratan sus servicios.
Las encuestas sobre posicionamiento político reales, realizadas efectivamente y con muestreos diseñados en forma científica, pueden fallar por muchos motivos. No es lo ideal, pero tampoco significa que esten mal hechas o que se busque engañar. En cambio hay otras cosas que también se llaman «encuestas» y fallan deliberada e intencionalmente y lejos de trabajar con rigurosidad metodológica o parámetros científicos, operan como sastrerías electorales.
Entendemos que la encuesta debe funcionar y eso implica dos cosas para quien la contrata. Una es que dé el resultado que uno quiere, más allá de que sea cierto o falso. Todo político enfrenta el dilema de que por un lado querría que las encuestas lo den como ganador, pero también que le digan la verdad. No hay mucho que la ciencia pueda hacer por esta cuestión, es un problema ético.
Y la otra es que la encuesta pase un mínimo estándar técnico para que sea confiable. Y esto es complejo si el encuestador tiene dificultades para sumar.
Desde TodoRoca quisimos cubrir una encuesta que circulaba en redes de un «prestigioso consultor» y surgió una primera inconsistencia evidente: al sumar los porcentajes declarados de intención de voto (34,81% LLA, 17,76% JSRN, 13,42% Kirchnerismo, 7,46% PRO, 4,73% UCR, 2,11% ARI, 1,26% Otros, y 17,55% Indecisos), el total alcanza apenas el 99,1%. En una encuesta bien construida y representativa, estos valores deberían ser 100%, digamos, no se ocuparon ni de sumar.
Toda encuesta tiene un margen de error y eso no esta mal. Lo que observamos es una polemica recoleccion de datos. Cada respuesta del encuestado representa un dato, esos datos no pueden ser recogidos de manera aleatorea simplemente, tiene que existir una vinculacion entre la cantidad de habitantes, el padron electoral y debe existir proporcionalidad entre las ciudades elegidas. Una encuesta basada en una muestra de solo 893 personas presenta serias limitaciones en términos de representatividad. Con ese tamaño muestral, no podemos hablar de una encuesta seria, la recoleccion de datos debe tener parametros que Diaz parece desconocer.
Este fenómeno no es nuevo, pero en cada campaña electoral toma más fuerza: encuestas difusas que circulan por redes como si fueran verdades reveladas.
Aunque «la verdad siempre triunfa», también es cierto que la mentira hace su daño y una encuesta de estas caracteristicas es una forma de manipular la voluntad popular con apariencia técnica. La credibilidad no se compra, se construye.
Le preguntamos al ChatGPT si efectivamente el análisis que hicimos era correcto (pues nosotros tampoco estamos exentos de cometer errores), y esto fue lo que nos respondió:

























