La paciencia y el anonimato se le terminaron a un prófugo de la Justicia en Roca. En un procedimiento de precisión quirúrgica, el personal de la Brigada Motorizada de Apoyo (BMA) logró detener durante la tarde del miércoles a un hombre de 34 años sobre quien pesaba un pedido de captura activo y vigente. Lo llamativo del caso es que el delincuente no cayó en un control de rutina programado, sino que su detención fue el resultado directo del ojo clínico de un vecino que notó conductas extrañas y no dudó en dar aviso a las fuerzas de seguridad.
Todo se desencadenó a partir de una comunicación telefónica ingresada al Centro de Emergencias 911 RN, donde una persona alertó detalladamente sobre la presencia de un sujeto que merodeaba un sector residencial en actitud abiertamente sospechosa, observando hacia el interior de las propiedades. La frecuencia policial irradió la alerta y las motos de la BMA, conocidas por su velocidad de desplazamiento en zonas urbanas complejas, se dirigieron al lugar exacto y cercaron al sospechoso antes de que pudiera percatarse de la presencia de los uniformados.
Al momento de la interceptación, el hombre intentó mostrarse calmo, pero el nerviosismo lo delató cuando los agentes le solicitaron la documentación. Al ingresar sus datos filiatorios en la base de datos del sistema informático policial, la pantalla arrojó luz roja instantánea: el sospechoso arrastraba cuentas pendientes con los tribunales y tenía una orden de detención inmediata dictada por magistrados locales.
Los efectivos de la Brigada Motorizada le colocaron las esposas en el acto y solicitaron el apoyo de un móvil de la comisaría de la jurisdicción para completar el procedimiento de traslado. El evadido fue alojado de forma inmediata en los calabozos de la dependencia policial, donde quedó incomunicado y a estricta disposición de las autoridades judiciales que lo requerían, cerrando así un circuito perfecto de prevención del delito que combinó el compromiso vecinal con la agilidad policial.

























