En política, los gestos suelen decir más que las palabras, y el reciente paso de Alberto Weretilneck por Roca dejó mucha tela para cortar. El Gobernador ratificó públicamente lo que era un secreto a voces: su aval para la conformación de un gran frente electoral que intente arrebatarle el municipio a la familia Soria, que gobierna la ciudad ininterrumpidamente desde 2003. Lo llamativo no fue solo su apoyo a la idea lanzada por el presidente del PRO rionegrino, Juan Martín, sino el nivel de «generosidad» que mostró al asegurar que Juntos Somos Río Negro no tiene ninguna necesidad de liderar dicho espacio ni de imponer condiciones.
Sin embargo, detrás de este discurso de amplitud y pragmatismo, se esconde una densa capa de incertidumbre. Resulta difícil ignorar que apenas horas antes, el mismo Weretilneck hablaba de un «rompimiento del contrato moral» por parte del gobierno de Javier Milei. Esta contradicción plantea un interrogante central: ¿está realmente dispuesto el Gobernador a sentarse en una mesa de comando junto a los referentes de La Libertad Avanza después de sus duras críticas al rumbo nacional? El mandatario aclaró que JSRN no es quien convoca a este frente, una sutil pero potente forma de marcar distancia y evitar ser el rostro de una alianza que podría serle piantavotos en otros distritos de la provincia.
La jugada parece ser más una expresión de deseo que un pacto sellado. Al decir que está «de acuerdo» pero que su partido «no convoca», Weretilneck le traslada la presión y el costo de la construcción al PRO y a los libertarios. En los pasillos de la política roquense se preguntan si esta apertura no es, en realidad, una trampa de seda: una forma de participar del armado para asegurarse de que el candidato final no termine siendo un obstáculo para los intereses provinciales de JSRN, o bien, una manera de «licuar» las identidades del PRO y LLA dentro de un frente donde el aparato provincial terminará pesando más.
Por ahora, el Gobernador se ha limitado a decir que «está dispuesto», una frase lo suficientemente ambigua como para permitirle un repliegue táctico si la convivencia con el PRO y LLA en el Alto Valle comienza a generarle ruidos molestos en su estrategia de despegue de la Casa Rosada.
El objetivo de destronar al sorismo es el único pegamento que hoy parece unir estas piezas tan disímiles. Pero la gran duda que flota en el aire es si Weretilneck aceptará finalmente la foto de unidad con los sellos de Milei y Macri, o si simplemente está ganando tiempo mientras observa cómo los demás partidos hacen el trabajo sucio de intentar romper el bastión de María Emilia Soria. La generosidad de ceder la conducción podría ser, irónicamente, su mejor manera de no quedar pegado a una derrota o a una alianza que, a nivel nacional, ya empezó a cuestionar con dureza.

























