El escenario gremial argentino entró en una nueva fase de tensión. Tras una cumbre clave, la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), junto a la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), Aceiteros y el gremio de Aeronáuticos, conformaron el «Frente de Sindicatos Unidos». El objetivo es claro: derribar por completo la reforma laboral que se debate en el Congreso. Rodolfo Aguiar, principal referente de ATE y figura central de este armado, fue tajante al señalar que el oficialismo «cruzó una línea roja» y comparó el clima social actual con la crisis previsional que debilitó la gestión de Mauricio Macri.
El plan de lucha no se quedará solo en Buenos Aires. El frente definió una estrategia federal que busca «exponer» a los mandatarios provinciales. La primera gran movilización será el próximo jueves 5 de febrero en la capital de Córdoba, seguida por otra marcha en Rosario el martes 10. Para Aguiar, es fundamental evitar que los gobernadores negocien el voto de sus legisladores a cambio de fondos coparticipables. «No los vamos a dejar que nos vendan por dos pesos; esta reforma no solo va contra los trabajadores, sino que termina de desfinanciar a las provincias», sentenció el dirigente.
Desde el sector sindical rechazan cualquier intento de negociación por artículos individuales. Sostienen que, de los 136 puntos que componen el proyecto, la totalidad perjudica a la clase obrera y que una eventual declaración de inconstitucionalidad por parte de la Corte Suprema podría tardar más de una década, tiempo que los sindicatos consideran fatal para su subsistencia. Para el frente, la «modernización» que propone el Gobierno de Javier Milei es, en realidad, un sinónimo de mayor precarización y explotación laboral bajo el pretexto de crear nuevos empleos.
La fecha clave en el calendario será el miércoles 11 de febrero, día en que está previsto el tratamiento de la reforma en el Senado de la Nación. Para esa jornada, ATE y los gremios estatales ya confirmaron un paro total de actividades con movilización. El mensaje de Aguiar y el resto de los secretarios generales es de unidad absoluta entre el sector público y privado, vaticinando un «destino trágico» para el pueblo si la ley avanza. Con este frente consolidado, el gremialismo rionegrino vuelve a posicionarse en la primera línea de la resistencia nacional.
























