Un jubilado de Bariloche que había sido víctima de una estafa telefónica logró recuperar la totalidad del dinero perdido luego de atravesar un proceso de mediación prejudicial con la entidad bancaria involucrada. El caso, resuelto en el ámbito de consumo, no solo permitió subsanar el perjuicio económico, sino que también funcionó como un espacio para abordar la angustia y la desprotección que sufrió el damnificado durante el engaño.
El fraude comenzó con una serie de llamados telefónicos en los que desconocidos simularon brindar asistencia técnica sobre la seguridad de sus cuentas. Mediante presiones y falsas instrucciones, los estafadores lograron que el hombre realizara varias transferencias consecutivas. A pesar de que la víctima comenzó a sospechar y acudió al banco para intentar frenar los movimientos, las respuestas institucionales no llegaron a tiempo y la salida del dinero no pudo ser detenida, lo que agravó la incertidumbre y el temor del afectado.
Tras radicar la denuncia correspondiente, se abrió una instancia de mediación confidencial coordinada por una mediadora oficial y con la participación de los abogados de ambas partes. Durante las audiencias, la profesional encargada del caso trabajó para ordenar el reclamo y mantener una comunicación útil, evitando que las posiciones se endurecieran y transformando un conflicto cargado de tensión en una negociación viable.
Impacto más allá de lo económico: En la mesa de diálogo se expuso cómo el delito afectó la vida cotidiana del jubilado, quien padeció la pérdida de confianza y el temor a sufrir nuevas operaciones tras pedir ayuda en el banco sin obtener resultados inmediatos.
Finalmente, el trabajo conjunto permitió encuadrar jurídicamente el reclamo y arribar a un acuerdo satisfactorio. La entidad bancaria aceptó restituir los fondos reclamados y asumió las obligaciones fijadas en el convenio, logrando resolver el conflicto de forma rápida, ejecutable y sin la necesidad de iniciar un prolongado proceso judicial.

























