Una densa columna de humo cubrió gran parte de General Roca este miércoles, alcanzando incluso la zona céntrica de la ciudad. El foco ígneo se originó en el sector del zanjón de calle Defensa al 3100, donde la acumulación de residuos y la quema de cables derivaron en un incendio que demandó más de dos horas de trabajo por parte de los Bomberos Voluntarios.
Sin embargo, detrás del operativo oficial, crece la indignación de quienes viven en el Barrio Noroeste. A través de una denuncia llegada a nuestra redacción, los vecinos relataron la odisea de convivir con el aire irrespirable y la falta de soluciones por parte de los organismos de control.
«Tuve que llevar a mis hijos a lo de mi suegra»
El relato de los damnificados es contundente. Según explicaron, la quema comenzó cerca de las 18:30 y rápidamente el humo invadió las viviendas. «Me cansé de llamar a los Bomberos y me decían que no les corresponde a ellos, sino a Defensa Civil. Llamé a Defensa Civil y me dijeron que la Municipalidad es la que tiene que actuar. En la Municipalidad me tuvieron a las vueltas», expresó con impotencia un vecino del sector.
La situación se tornó crítica cuando el fuego se inició justo detrás de una vivienda: «Estaba todo lleno de humo, no se podía estar. Tuve que llevar a mis hijos donde mi suegra porque no paraban de toser, el humo se metió a la casa y era algo importante».
El reporte oficial
Desde el cuartel de Bomberos informaron que, si bien el foco fue de magnitud debido a la cantidad de basura, no existió riesgo de propagación hacia las viviendas lindantes. No obstante, el viento desplazó el denso humo hacia distintos sectores de la ciudad, generando preocupación y visibilidad reducida durante el atardecer.
Pese a que las autoridades señalan que las intervenciones en la zona han disminuido gracias a las tareas preventivas del personal municipal, para los vecinos de calle Defensa la realidad es otra. Denuncian que la quema de basura y cobre es una constante en las «ranchitas» del zanjón y exigen que el municipio tome cartas en el asunto de manera definitiva para evitar que el barrio —y la ciudad— sigan respirando toxicidad.

























