Sin embargo, reducir lo ocurrido a una simple crónica deportiva sería quedarse en la superficie. El verdadero análisis excede largamente los noventa minutos y obliga a mirar el estado actual del fútbol argentino, en especial de sus categorías más profundas.
El Torneo Regional Amateur es, hoy, una competencia estructuralmente inviable. Reúne a más de 330 equipos para otorgar un solo ascenso. La desproporción es tan brutal como reveladora: no solo anula cualquier lógica deportiva razonable, sino que convierte al certamen en un laberinto donde la meritocracia es la excepción y no la regla. A eso se suma un problema aún más grave: la falta de transparencia.
Desde hace años, el fútbol argentino viene dando señales claras de un sistema en el que competir sin respaldo político, sindical o dirigencial se vuelve una tarea casi imposible. No alcanza con jugar bien, ni con trabajar mejor que el resto. Para tener chances reales de ascenso, parece indispensable contar con algún tipo de apadrinamiento. De lo contrario, el camino se llena de obstáculos que no figuran en ningún reglamento.
Quien conoce el juego lo advierte sin necesidad de explicaciones: arbitrajes direccionados, criterios desiguales en las jugadas divididas, offsides milimétricos para un lado y tolerancia absoluta para el otro, faltas sistemáticamente sancionadas con distinta vara y tiempos adicionados según la conveniencia del resultado. Pequeños detalles que, acumulados, terminan decidiendo partidos y eliminatorias.
En ese contexto, equipos como Deportivo Roca quedan atrapados en una lógica perversa. Aun siendo superiores futbolísticamente, aun haciendo méritos sobrados dentro de la cancha, el sistema se encarga de emparejar las condiciones cuando el desarrollo pone en riesgo a los “elegidos”. Lo ocurrido ante La Amistad no fue una excepción, sino una confirmación más de un mecanismo que se repite torneo tras torneo.
Pese a todo, hay motivos para el orgullo. La gente de Roca volvió a decir presente, llenando la cancha con hinchas genuinos, no empleados circunstanciales. El equipo, con un presupuesto muy inferior al de muchos de sus rivales, compitió, fue protagonista y llegó lejos siendo superior a la mayoría. Eso no es poco en un fútbol que hace tiempo parece haber extraviado el rumbo.
Perdió Deportivo Roca.
Pero el fútbol argentino, tal como está organizado, perdió mucho antes.
Pablo Kunz
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