En la primera jornada del juicio por la presunta mala praxis que resultó en la muerte de Valentín Mercado Toledo, de 4 años, declaró el perito médico de la querella, Felipe Diniello. El especialista expuso una contundente reconstrucción técnica de los minutos críticos posteriores a la cirugía, afirmando que «no hubo control» efectivo en el quirófano.
El juicio tiene como único imputado al anestesista Mauricio Atencio Krause por el delito de homicidio culposo.
Diniello basó su exposición en la documentación de la causa (historias clínicas, registros, allanamientos) y en entrevistas con el personal médico interviniente. Según su análisis, el paro cardíaco del niño se habría advertido una vez que se retiraron los campos quirúrgicos, tras finalizar el procedimiento.
El perito señaló que la instrumentadora había advertido previamente que Valentín estaba pálido o cianótico (color azulado por falta de oxígeno), y se lo comunicó al equipo de anestesia. Sin embargo, esta observación «no fue interpretada con claridad».
Cuando el cuerpo del niño quedó visible y se corroboró la cianosis, se dio la voz de alarma y se inició la maniobra de reanimación.
Diniello destacó el punto más preocupante en la secuencia de eventos: a pesar del masaje cardíaco inefectivo y la ausencia de pulso, la causa del problema ventilatorio no fue identificada por los profesionales de anestesia presentes.
La situación cambió con la llegada de la médica terapista infantil, quien constató que «no había buena entrada de aire a los pulmones» y sugirió cambiar el tubo endotraqueal. Este hecho resultó «llamativo» al perito, ya que nadie del equipo de anestesia lo había propuesto antes. Una vez reemplazado el tubo, el niño comenzó a ventilar mejor y salió del paro.
«Desde la primera advertencia de la instrumentista hasta el cambio del tubo pasaron, como mínimo, entre 3 y 5 minutos.» afirmó Diniello, señalando que este lapso de hipoxia coincide con el tiempo que otros profesionales tardaron en llegar desde otras salas.
La obstrucción del tubo —que puede deberse a causas comunes como moco o sangre— y la tardanza en detectarla y corregirla, según el perito, «marca que no hubo control» del paciente.
Valentín Mercado Toledo, de 4 años, había ingresado al Sanatorio Juan XXIII para una cirugía programada el 11 de julio de 2024. Según la acusación, el episodio de hipoxia (falta de oxígeno) ocurrido al finalizar la intervención le provocó un daño neurológico irreversible. El niño fue diagnosticado con muerte encefálica y falleció una semana después.
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