Aunque todo indica que La Libertad Avanza (LLA) saldrá fortalecida en ambas Cámaras, los números no le alcanzarán para el ansiado “tercio propio”, el bloque que le permitiría blindar sus vetos o evitar un eventual juicio político. En cambio, Unión por la Patria (UP) se prepara para ceder terreno, mientras que los espacios del medio, como Encuentro Federal y Provincias Unidas, podrían consolidarse como árbitros de la rosca legislativa que se viene.
La Libertad Avanza llega a la elección con un dato clave: en el Senado no pone en juego ninguna de sus seis bancas y, en Diputados, solo 8 de las 37 que ya tiene. Aun con un escenario adverso, el oficialismo saldrá con bloques más grandes.
Según estimaciones de El Parlamentario, si Milei logra su mejor resultado posible, el bloque libertario alcanzaría 77 diputados, nueve menos de los 86 que necesita para controlar el tercio de la Cámara. En el Senado, el panorama es similar: 18 bancas propias sobre 24 necesarias para bloquear iniciativas opositoras.
El dato político es que ni siquiera con esos números Milei podrá avanzar sin aliados. Y ahí aparece el rol central del PRO, que podría convertirse en socio parlamentario del Gobierno sin perder su autonomía. Mauricio Macri ya adelantó que los legisladores amarillos no se fusionarán con los libertarios, sino que mantendrán un bloque propio “dialoguista”.
Para Unión por la Patria, la elección es cuesta arriba. De las 98 bancas que tiene en Diputados, 46 vencen este año, y en el Senado renueva 16 de las 34 que hoy ocupa.
En la Cámara alta, las bancas que se ponen en juego son las obtenidas en 2019, con el impulso de Alberto Fernández y la boleta partidaria. El cambio del sistema electoral —ahora con Boleta Única— y la pérdida del arrastre presidencial hacen prever un retroceso inevitable.
Los cálculos proyectan que el bloque conducido por José Mayans podría quedar con entre 28 y 32 senadores, lejos del quórum propio. En Diputados, el bloque que lidera Germán Martínez podría mantener entre 86 y 100 bancas, conservando la primera minoría pero con menor capacidad de maniobra.
El bloque Encuentro Federal en Diputados y su par Provincias Unidas en el Senado fueron decisivos en los dos primeros años de Milei. De sus votos dependieron tanto los avances del Gobierno —como la Ley Bases o el Paquete Fiscal— como sus principales derrotas parlamentarias.
Con gobernadores como Pullaro, Torres, Sadir, Llaryora, Valdés y Vidal, este espacio apuesta a fortalecerse como tercera fuerza nacional y sostener su influencia como “llave” del Congreso. En Diputados arriesgan 7 de 15 bancas, y en el Senado 2 de 5.
La UCR llega fragmentada en cuatro bloques y con mucho en juego: entre todos, pone en riesgo 24 de sus 33 bancas. La interna entre sectores “dialoguistas” y opositores duros dejó heridas que podrían reflejarse en las urnas.
La Coalición Cívica, con 4 de sus 6 bancas en disputa, y el Frente de Izquierda, que arriesga 4 de 5, también enfrentan un escenario complicado. Si la elección se polariza entre libertarios y peronistas, podrían quedar reducidos a la mínima expresión parlamentaria.
Este año se renuevan 127 de los 257 diputados y 24 de los 72 senadores. En Diputados, la provincia de Buenos Aires elige 35 bancas; Ciudad de Buenos Aires, 13; y Santa Fe y Córdoba, 9 cada una. En el Senado, los distritos que renuevan son: CABA, Entre Ríos, Salta, Santiago del Estero, Chaco, Río Negro, Neuquén y Tierra del Fuego.
El reparto de bancas en Diputados se hace mediante el Sistema D’Hondt, un método proporcional que favorece a las listas más votadas. Los votos de cada partido se dividen por 1, 2, 3, 4… según el número de bancas en juego. Los cocientes más altos obtienen las bancas hasta agotarlas.
Este sistema, utilizado en la mayoría de las democracias parlamentarias, tiende a premiar la gobernabilidad y evitar la fragmentación, aunque a veces reduce la representación de fuerzas menores.
En resumen, el resultado del domingo no solo definirá quién gana las elecciones, sino cómo se gobernará el país en los próximos dos años. Milei necesita aliados para sostener su agenda; el peronismo busca conservar su peso institucional; y las fuerzas del medio se preparan para un rol clave en cada votación.
El Congreso que viene no tendrá mayorías automáticas. Será, otra vez, un Congreso de rosca, negociación y supervivencia política.
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