La imagen es conocida: una persona se queda en la cama durante horas, sin la intención de dormir, con el teléfono en la mano y la mirada fija en el feed infinito. En redes sociales la práctica se popularizó como bed rotting. Sus defensores la presentan como un “corte” ante la presión académica, laboral o social; sus críticos advierten que la costumbre puede consolidar sedentarismo, desorden del sueño y aislamiento. Las evidencias oficiales más recientes no discuten que el descanso sea valioso; señalan, sí, que descansar no es lo mismo que permanecer inmóvil ante pantallas durante largos períodos —y menos a la noche— porque el cuerpo y el cerebro necesitan movimiento, luz diurna, rutinas y desconexión digital antes de dormir. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda reducir el tiempo sedentario en todas las edades y reemplazarlo por actividad física, por su impacto directo en salud cardiovascular, metabólica y mental.
El bed rotting encaja en un patrón que preocupa a la OMS: la inactividad y el tiempo sedentario sostenido. Según el Global Status Report on Physical Activity 2022, más del 80% de los adolescentes y el 27% de los adultos no alcanzan los niveles recomendados de actividad física, con costos sanitarios y sociales crecientes. La indicación es clara: sentarse menos y moverse más, porque reemplazar minutos sedentarios por movimiento —aunque sea ligero— ya aporta beneficios.
El horario importa. La luz de los dispositivos y el contenido estimulante antes de acostarse interfieren con el inicio y la calidad del sueño. La CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU.) aconseja retirar dispositivos electrónicos del dormitorio y evitar su uso previo a la hora de dormir como parte de una buena higiene del sueño.
Las sociedades del sueño van en la misma línea. La American Academy of Sleep Medicine recuerda que el consumo nocturno de redes sociales y videos acorta el descanso, desplaza la hora de conciliación y deteriora el rendimiento diurno, por lo que sugiere establecer una “zona libre de pantallas” antes de dormir y rutinas consistentes.
Pausar y bajar un cambio es sano; hacerlo aislado entre pantallas, no necesariamente. La American Psychological Association emitió un Health Advisory con pautas para el uso digital en adolescentes: supervisar el tiempo en redes, evitar el uso en la hora previa al sueño y estar atentos a señales de perjuicio (alteraciones del ánimo, del rendimiento o del descanso). Enfatiza que el consumo digital no debe reemplazar el contacto social ni el apoyo emocional, especialmente en jóvenes con vulnerabilidades.
Depende de cómo y cuánto. Un rato breve de descanso en la cama, sin pantallas, puede ser reparador. Convertirlo en horas de inmovilidad y doomscrolling tiene más chances de empeorar el sueño, fijar hábitos sedentarios y amplificar el malestar. Las guías oficiales recomiendan:
El bed rotting pone palabras a una necesidad real: frenar. Pero el mejor descanso se construye con hábitos simples y basados en evidencia: menos pantalla de noche, más movimiento de día, rutinas de sueño consistentes y vínculos que no sean solo online. El objetivo no es demonizar una moda sino reencuadrarla: si vas a descansar, que de verdad te haga bien.
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