El mapa energético de América Latina y el Caribe muestra un cambio de liderazgo definitivo en su última actualización estadística. La Argentina se posicionó como el primer productor de gas natural de la región, un hito que se explica de manera directa por el salto de escala y los niveles de actividad que viene registrando la formación no convencional de Vaca Muerta. El desarrollo de los recursos neuquinos no solo revirtió el declive histórico de las cuencas locales, sino que modificó la balanza comercial del Cono Sur, permitiendo al país desplazar a competidores tradicionales del sector hidrocarburífero.
Los datos se desprenden de un relevamiento de la Organización Latinoamericana de Energía (Olade) correspondiente al arranque de este año, el cual detalla que la producción argentina ya representa el 21% del total inyectado en los sistemas de la región. De esta manera, el país logró superar por un margen estrecho a Trinidad y Tobago, que históricamente lideró este indicador y ahora se ubica en el segundo lugar con un 20% de participación. Bastante más atrás, completando el podio de los principales actores del mercado latinoamericano, aparece Brasil con un aporte del 13%.
El informe del organismo regional pone de relieve un proceso de expansión generalizada, dado que la producción consolidada de gas natural en todo el continente experimentó un fuerte incremento del 27% en comparación con el mismo período del año anterior. Esta aceleración en los volúmenes extraídos coincide con un escenario de alta complementariedad comercial entre las distintas naciones de la zona. De hecho, el monitoreo estadístico determinó que el 59% de las importaciones de gas natural que realizan los países de la región corresponden a transacciones intrarregionales, lo que expone el entramado de interdependencia y la importancia clave de las redes de gasoductos fronterizos.

El avance de Vaca Muerta no solo asegura el abastecimiento interno en los meses de mayor demanda invernal, sino que consolida una plataforma de exportación continua hacia los mercados de Chile, la zona sur de Brasil y Bolivia. Para el entramado macroeconómico local, la consolidación de este liderazgo regional representa una fuente de divisas clave en un contexto de restricción externa, transformando la matriz productiva del país y posicionando a la infraestructura de transporte como el principal cuello de botella a resolver para sostener el ritmo de crecimiento hacia el resto de la década.

























