Río Negro busca sumarse a la fiebre del litio, pero con un sello propio. La Secretaría de Minería provincial, en conjunto con el SEGEMAR, avanza en un estudio estratégico para identificar este mineral en pegmatitas (rocas volcánicas), una tipología distinta a la que se explota en los salares de la Puna. Este proyecto, que comenzó a mediados de 2025, se encuentra hoy en una fase crítica de laboratorio: los especialistas están «haciendo hablar» a las piedras recolectadas en la estepa para confirmar si el territorio rionegrino alberga yacimientos rentables a largo plazo.
El mapa del litio rionegrino se divide en dos grandes zonas de interés. El Área Centro, ubicada entre el sudeste de Ramos Mexía y el suroeste de Valcheta, fue la primera en ser relevada. Por otro lado, el Área Occidental, que abarca una superficie de 3.900 km² al sur del río Limay, incluye localidades como Pilcaniyeu, Comallo, Río Chico y Mamuel Choique. En esta última zona, existen antecedentes históricos que mencionan la presencia de lepidolita (un mineral que contiene litio), lo que ha generado grandes expectativas en el equipo técnico.
Durante las campañas realizadas a finales de 2025, los geólogos recolectaron decenas de muestras que hoy atraviesan análisis geoquímicos y estudios de datación para conocer su edad y composición exacta. Por ahora, los informes describen rocas dominadas por cuarzo y feldespatos, elementos comunes que suelen acompañar a los minerales portadores de litio. Este trabajo científico es el paso previo y obligatorio para que la provincia pueda presentar un informe técnico confiable ante inversores nacionales e internacionales interesados en la minería no convencional.
Río Negro ya es un referente nacional en la producción de bentonita y yeso, pero la incorporación del litio a su perfil productivo representaría un salto de calidad en la generación de empleo y desarrollo para la Región Sur. Se espera que para fines de 2026 se presente el informe final que incluirá mapas geológicos detallados y las conclusiones definitivas sobre el potencial real de estas tierras. De ser positivo, el «oro blanco» rionegrino podría dejar de ser un proyecto científico para convertirse en el próximo motor económico de la provincia.

























