La relación entre el gobierno de Javier Milei y la Confederación General del Trabajo atraviesa su momento de mayor tensión. De concretarse la protesta anunciada para el día del tratamiento de la reforma laboral en Diputados, el mandatario libertario sumará su cuarto paro general en 802 días de mandato. Este registro no solo confirma la aceleración de los conflictos, sino que consolida a Milei como el presidente que más rápido enfrentó una huelga: apenas 45 días después de asumir, el 24 de enero de 2024, sufrió el primer freno de actividades por el mega DNU 70/23.
Los datos relevados por la Universidad Austral exponen una constante que se repite desde el regreso de la democracia en 1983: la central obrera muestra una «tolerancia» marcadamente distinta según el color político de quien ocupa la Casa Rosada. De los 46 paros generales registrados en estos 42 años, 28 recayeron sobre administraciones no peronistas (Alfonsín, De la Rúa, Macri y Milei), quienes gobernaron solo 14 años en total. En cambio, los gobiernos del PJ sumaron apenas 16 paros a lo largo de 28 años de gestión acumulada.
Esta disparidad se traduce en promedios impactantes. Mientras que los mandatarios no peronistas enfrentan más de siete huelgas por gestión, los peronistas apenas superan las dos por mandato. El caso más paradigmático de esta brecha es el de Alberto Fernández, quien completó sus cuatro años de mandato con «invicto» gremial: no sufrió ni un solo paro general, un hecho inédito para un presidente sin reelección.
Con esta cuarta medida de fuerza, Milei escala posiciones en el ranking histórico y ya supera a Néstor Kirchner (1) y Eduardo Duhalde (2), quedando a un paso de alcanzar a Mauricio Macri y Cristina Kirchner, quienes enfrentaron cinco cada uno. Sin embargo, los líderes absolutos de la conflictividad siguen siendo Raúl Alfonsín, con 13 paros (impulsados por el histórico Saúl Ubaldini), seguido por Fernando de la Rúa y Carlos Menem con ocho huelgas cada uno.
El actual promedio de Milei (un paro cada 200 días) solo es superado en intensidad por De la Rúa, que enfrentó una huelga cada 92 días en su breve gestión, y por Alfonsín, con una cada 157 días. La nueva huelga, motorizada por el rechazo a la reforma laboral, vuelve a poner a prueba la gobernabilidad de un ejecutivo que, a pesar de contar con un apoyo electoral sólido, enfrenta una de las presiones sindicales más rápidas y persistentes de la historia reciente.
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