La Confederación General del Trabajo (CGT) confirmó su participación en la movilización del próximo 7 de agosto, en coincidencia con la tradicional marcha por San Cayetano. La medida se inscribe en un contexto de tensiones crecientes con el gobierno nacional y de malestar interno por el lugar que ocupa el sindicalismo en el armado electoral bonaerense.
Desde la conducción cegetista advierten que el vínculo con la Casa Rosada se mantiene distante, y que no han recibido señales concretas de diálogo. La decisión del Ejecutivo de avanzar con medidas como el cierre de Vialidad, sin consultas previas, generó molestia en distintos sectores de la central obrera. “No logramos avances porque el Gobierno no muestra voluntad de negociar”, expresó un dirigente de la conducción.
Pese a este escenario, la CGT continúa participando del Consejo de Mayo, un espacio de diálogo multisectorial impulsado por el propio Gobierno, donde coinciden actores del sindicalismo y el empresariado. Allí, representantes como Gerardo Martínez (UOCRA) y Martín Rappallini (UIA) debaten sobre temas estructurales de la economía. Uno de los consensos alcanzados es que el llamado “costo argentino” no debe justificarse en los salarios ni en los derechos laborales. “El problema está en la presión impositiva y el acceso al financiamiento, no en los sueldos”, sostienen desde ambas partes.
Por otro lado, la relación entre la CGT y el gobernador bonaerense Axel Kicillof atraviesa su propia etapa de tensión. Las primeras conversaciones incluían un acuerdo por el cual el sindicalismo ocuparía tres de los primeros siete lugares en la lista de candidatos a diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, con la consolidación del frente Fuerza Patria, esa posibilidad se redujo a un solo lugar, lo que generó descontento entre los referentes gremiales.
Héctor Daer es, por ahora, el nombre con mayores chances de integrar esa lista, aunque también suenan otras figuras vinculadas al kirchnerismo, como Sergio Palazzo (Asociación Bancaria) y Vanesa Siley (SITRAJU), cuyos mandatos vencen este año. Cristina Kirchner promueve a ambos, y aún no hay definiciones.
En paralelo, sectores como la CATT, las CTA y diversos movimientos sociales ya venían impulsando la marcha del 7 de agosto con consignas centradas en el trabajo, el salario y la soberanía nacional. La CGT se suma ahora a esa convocatoria en un intento por recuperar protagonismo y responder también a la presión de sus propios sectores internos más combativos.
Desde el entorno de Sergio Massa se descartó, por el momento, la incorporación de representantes sindicales en las listas. Kicillof, por su parte, enfrenta reclamos de diversos espacios gremiales: el clan Moyano busca ubicar a uno de sus hijos y Luis Barrionuevo intenta hacer pie desde su nuevo partido, Trabaj.ar.
A semanas del cierre de listas, en la CGT se multiplican las voces que exigen mayor participación. “No podemos limitarnos a tareas de apoyo o fiscalización. Queremos volver a tener peso político”, sintetizan desde la central.
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