Tras el ataque, que ocurrió en la oficina del condenado Ricardo Nicolás Fraima, la mujer intentó seguir con su trabajo, pero encontró un entorno hostil, en el cual el subcomisario utilizó su poder para aislarla y castigarla. Ordenó que solo realizara tareas peatonales, la dejó fuera de patrullajes y alteró sus horarios de servicio y licencias sin justificación. Sus compañeros notaron el trato diferencial y lo vincularon con una exigencia de índole sexual.
La presión no se limitó al ámbito laboral. Surge de la sentencia que el subcomisario le envió mensajes personales con insinuaciones y fotografías obscenas. A pesar del evidente acoso, su superior directo, el comisario de la Unidad Regional III, rechazó tomar medidas. La víctima solicitó una reunión con él para denunciar lo que ocurría, pero la respuesta fue que se trataba de cuestiones personales.
En su declaración, la agente policial dijo que no buscaba que Fraima fuera a prisión, sino que su objetivo era curar un ciclo, que se sepa la verdad y comprometerse con sus compañeras para visibilizar una situación que consideró que no es aislada en la fuerza policial.
El hostigamiento escaló cuando la víctima intentó salir del ámbito de influencia del subcomisario. Luego de pedir su traslado, él la desacreditó frente a sus nuevos superiores. La responsable del Área de Género de Desarrollo Social declaró en el juicio y dijo que Fraima acudió personalmente a su oficina para advertirle sobre la supuesta “mala conducta” de la víctima. La insistencia y el desprestigio levantaron sospechas en la funcionaria quien decidió escuchar la versión de la mujer y finalmente le brindó asistencia.
Una profesional de la Ofavi ratificó en el juicio lo relatado por la víctima. Contó que presenció el impacto emocional que sufría y vio las imágenes enviadas por el condenado. Su testimonio confirmó el miedo y la presión que sentía la sargento, además de evidenciar el conocimiento que los compañeros de trabajo tenían sobre la situación. Otra operadora de la Ofavi respaldó la versión de la víctima y aportó detalles sobre la contención psicológica que se le brindó y los efectos devastadores del acoso prolongado.
Los testigos presentados por la defensa no lograron desacreditar el relato de la víctima ni los testimonios que lo respaldaban. El fallo estableció que Fraima no solo cometió abuso sexual, sino que utilizó su jerarquía para hostigar a la víctima. La sentencia de primera instancia, que aún no se encuentra firme, fijó la prohibición de acercamiento y le ordenó realizar un curso sobre nuevas masculinidades fuera del ámbito policial.
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