El Banco Central reveló que en junio la morosidad en créditos al sector familiar alcanzó el peor nivel en 15 años, con un 5,2 % del total de préstamos impagos. El fenómeno responde a una expansión del crédito –con un aumento real mensual del 4,2 % y un interanual del 78,1 %– que no ha sido acompañado por una mejora en la capacidad de pago de los hogares ni una ajustada política de tasas.
Las líneas más afectadas son los préstamos personales, con una morosidad del 6,5 %, seguidos por las tarjetas de crédito (4,9 %) y los créditos prendarios (3,9 %). Por el contrario, los créditos hipotecarios muestran mayor resistencia, con solo un 1 % de cartera irregular.
La gran disparidad entre tasas de interés y evolución de salarios profundiza la crisis: las entidades ofrecen créditos con un costo financiero total (CFT) que ronda entre el 110 % y 140 % anual, muy por encima de la inflación proyectada (25–30 %) y del aumento salarial (20 %). Este desequilibrio ha erosionado la capacidad de pago de los hogares y creado un escenario riesgoso para la estabilidad del sistema financiero.
En resumen, el acelerado crecimiento del crédito al consumo, sin respaldo económico sostenible para las familias deudoras, sugiere que este boom podría convertirse en un problema estructural si no se generan ajustes inmediatos en tasas, condiciones de préstamo y políticas de protección social.
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