Mientras María Emilia Soria desembarcaba en Viedma y encabezaba un acto en una Unidad Básica de la calle Buenos Aires, con la mirada puesta explícitamente en la Gobernación de 2027; en Choele Choel se desarrollaba otra actividad del espacio peronista referenciado en Martín Doñate, con Ana Marks, Daniel Belloso y Leandro García como protagonistas. Formalmente no hubo una contracumbre, pero a veces alcanza con mirar el reloj. La simultaneidad también es un mensaje.

Pero más allá de estas desavenencias a cielo abierto, María Emilia Soria no detuvo su agenda viedmense y se reunió durante dos horas con el vicegobernador Pedro Pesatti, quien no se animó a acercarse a la Unidad Básica de la calle Buenos Aires y la recibió en su despacho.
Fue el propio vicegobernador quien decidió hacer pública la reunión a través de un comunicado de cuatro párrafos sinuosos y extensos. No habló de un acuerdo electoral ni de una alianza. Habló de coincidencias, de un “universo de ideas” compartido, de recuerdos y memorias “muy sentidas” por ambos y hasta apeló a la simbología peronista de Leonardo Favio. “Un poco patético”, lo calificó alguien que no terminó de creer que todo fuese tan inocente…
Por su parte, Soria se limitó a resumir el encuentro en cuatro palabras: “Gracias por la invitación”. Más claro, échele agua (pero no precisamente la que sale por las canillas de General Roca).
La pregunta del millón es si Pesatti finalmente estará dispuesto a dar el salto. Hasta ahora lo único que ha demostrado es una especial obsesión con tratar de hacerle daño a su propio gobierno -cuando habilitó el bloque de Tortoriello por ejemplo- y ahora con está «novedosa» foto con la jefa comunal roquense.
Un funcionario muy cercano al gobernador resumió el movimiento con una frase: “De a poco se van acomodando los melones”. El problema es que todavía nadie sabe en qué cajón va a terminar cada uno.
























