La sesión legislativa que terminó con la aprobación del pase a planta permanente para 4.200 trabajadores del Estado que se desempeñaban bajo contratos transitorios estuvo atravesada por momentos de alta tensión política. Durante el tratamiento del proyecto, las gradas del recinto —colmadas por manifestantes de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE)— se convirtieron en el escenario de un duro contrapunto verbal encabezado por el legislador del PRO, Juan Martin, quien decidió responder de manera directa a los cánticos y consignas de la tribuna sindical identificada con la conducción de Rodolfo Aguiar.
Sin eludir el clima hostil, Martin tomó la palabra y apuntó a la dinámica económica de la jurisdicción relacionándola con el rumbo fijado por la gestión central. “Aunque no les guste, en esta provincia está creciendo el empleo privado y es gracias al presidente Milei”, les espetó a los militantes presentes a viva voz, al tiempo que atribuyó ese escenario al impacto de la atracción de inversiones, el desarrollo del sector energético, la implementación del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y el marco de la Ley Bases.
En otro tramo de su intervención, el parlamentario cuestionó las metodologías de protesta implementadas históricamente por la organización gremial y valoró el marco normativo actual para el ordenamiento del espacio público. Tras ponderar la vigencia del protocolo antipiquetes, les exigió que vayan a protestar «al costado, sin molestar a nadie», e ironizó sobre la asistencia de la delegación sindical en horario de sesión al remarcarles que bien podrían estar siguiendo las alternativas de la jornada por Internet desde sus puestos laborales en lugar de ocupar las tribunas.
El cierre del cruce incluyó además un tiro de elevación contra la barra sindical a raíz de los panfletos que cayeron sobre el sector de las bancas. Martin apeló a la chicana y les sugirió tomar como referencia el comportamiento de los hinchas japoneses durante los Mundiales de fútbol para regresar a limpiar la basura y los papeles arrojados en el recinto, cerrando así un pasaje picante en una jornada que culminó con el aval parlamentario a la estabilidad laboral de los miles de contratados.
























