Se cerró de manera imprevista uno de los casos de negligencia médica más conmocionantes de la región. En las últimas horas se confirmó el fallecimiento del médico anestesista Mauricio Javier Atencio Krause, quien había sido hallado culpable por la Justicia de Río Negro por la muerte de un nene de 4 años durante una intervención quirúrgica programada.
El profesional de la salud acarreaba una enfermedad terminal y su estado se volvió irreversible el pasado domingo por la tarde, luego de sufrir un accidente cerebrovascular (ACV) hemorrágico mientras se encontraba internado en el Sanatorio Juan XXIII de General Roca.
La condena por el homicidio de Valentín
Atencio Krause había sido el centro de un repudio generalizado tras el veredicto del juez Oscar Stadler en la Ciudad Judicial de Roca. Al médico se le había impuesto:
- Tres años de prisión de ejecución condicional (en suspenso).
- Inhabilitación especial por 7 años y 6 meses para ejercer la medicina.
- Obligación de someterse a pautas de conducta estrictas y presentaciones mensuales ante la Justicia.
El proceso judicial determinó que su falta de cuidado y abandono de sus funciones fueron la causa directa del fallecimiento del pequeño Valentín Nahitan Mercado Toledo, ocurrido tras una operación realizada el 11 de julio de 2024.
Celular en mano y monitores apagados: la reconstrucción del horror
La cirugía, que se suponía de rutina para corregir una hernia diafragmática, se transformó en una pesadilla por una cadena de descuidos fatales por parte del anestesiólogo, definidos por el magistrado como una «ausencia total de profesionalismo».
Durante el procedimiento, el tubo endotraqueal que le suministraba oxígeno al nene se obstruyó con mucosidad y sangre. Lo aberrante del caso es que Krause nunca se percató de la situación a tiempo debido a dos factores clave ventilados en el juicio:
Negligencia explícita: El monitor que debía alertar de manera sonora y visual sobre la falta de oxígeno del paciente estaba completamente desenchufado. Además, múltiples testigos aseguraron que el anestesista estuvo usando su teléfono celular dentro de la sala de operaciones e incluso llegó a retirarse del quirófano en plena intervención para buscar un cargador de batería.
Debido a esta distracción, el cerebro del menor pasó un tiempo prolongado sin recibir oxígeno, provocándole un paro cardíaco en plena sala y una posterior encefalopatía hipóxico-isquémica irreversible. Valentín agonizó en terapia intensiva y falleció siete días después. Pese a que la defensa del médico intentó catalogar el hecho como un «evento súbito e inevitable», las pruebas tecnológicas y los testimonios terminaron de hundir al profesional, cuyo deceso extingue ahora la acción penal en su contra.

























